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Un blog de relatos eróticos y cocina con solera. Los relatos narran las aventuras de cuatro mujeres divorciadas y sus conversaciones sobre sexo y hombres. Las recetas se elaboran siguiendo viejos cuadernos de cocina, escritos a principios del siglo XX


martes, 4 de diciembre de 2012

EL AMOR PLATÓNICO DE EMI ABBOTT

     ...Le lamió la cara como si se tratara de un animal con su cría...
  Emi Abbott tiene un amor platónico desde hace mucho tiempo. En sus sueños, pensamientos y fantasías, él es El Principito y ella, la rosa de su planeta. Lo conoció antes que a El Polaco y, según suele decir, se trata del hombre que le despertó su instinto sexual. Ocurrió una de las primeras veces que lo vio. Estaban bailando en una discoteca de moda y él, repentinamente, la abrazó y le lamió la cara como si se tratara de un animal con su cría. La soltó en silencio nada más culminar su primitivo acercamiento, y Emi salió corriendo a buscar a su amiga Wynie Smith para revelarle el acontecimiento. Esta, mujer racional, de ideas claras y pies en la tierra, estaba en esos momentos ocupada en otros menesteres y apenas le prestó atención al asunto.
    -¿Que te ha lamido la cara ese tonto? ¿Y por eso estás contenta? ¡Qué asco!, se limitó a exclamar con un gesto que ilustraba sus palabras.
   -Me ha despertado el instinto sexual, le contestó Emi como si le estuviera dando una primicia informativa mundial. Pretendía que su amiga dejara de coquetear con unos y otros y la escuchara.
    -¿Ahora?, inquirió Wynie con gesto despectivo.
  Emi no le contestó. Salió corriendo en dirección a la pista de baile -donde aún permanecía El Principito- y se colocó a su lado. Ni le habló ni la miró. Indiferencia total. “Timidez”, quiso pensar ella. Siguió en el mismo lugar, casi rozándolo, mirándolo, y él también continuó sin inmutarse, como si la mujer a la que acababa de lamer el rostro no estuviera allí...
    Nada más sucedió entre ellos aquella noche. El Principito se marchó con un amigo y un lacónico “hasta la próxima”. Y Emi, su cuerpo arrastrado por la música y su mente por el delirio, empezó a fraguar la historia de un gran amor. Un amor que solo existía en su imaginación. Un auténtico amor platónico.
   El Principito trabajaba como relaciones públicas en un local próximo a la discoteca donde sucedió el acontecimiento relatado. Alto, delgado, pelo rizado y rubio, pequeños ojos azules, frente estrecha y nariz prominente. Emi decía de él que era guapísimo. O, al menos, así lo veía ella o lo había construido en su mente. Desde que lo conoció pasaba muchas horas del día envuelta en él: pensando en él, soñando con él, imaginando fantasías a su lado e, incluso, hablando de él. Tanto, que llegó a cansar a sus amigas. Además de la conversación monotemática, Wynie y Katty pensaban que El Principito era un individuo vulgar y sin ningún atractivo físico. “Es tonto sin remisión”, decía Katty. Seguro: frente pequeña, inteligencia ídem”, corroboraba Wynie. La única que lo soportaba un poco era Olivia. “Es un muchacho simpático, no sé por qué le tenéis tanta manía”, indicaba.
    Lo cierto es que Emi ya había empezado a montar los cimientos del castillo -o mejor dicho- del planeta que estaba construyendo para él en el otro mundo,. Un mundo imaginario a los ojos de todos, pero tan evidente y auténtico para ella que empezó a vivir más tiempo en éste que en el real, dándole, de hecho, apariencia de realidad. Pasaron los días y los meses. Emi continuó inmersa en su papel de rosa del planeta de su Principito y viviendo un amor que solo existía en sus pensamientos. Cuando menos se lo esperaba, el destino le puso a El Polaco enfrente y junto a él vivió un amor real, intenso y carnal. EL DESPERTAR SEXUAL DE EMI ABBOTTNo obstante, El Principito estaba allí, seguía incrustado en un lugar recóndito de su ser y a veces aparecía en sus conversaciones... Y justo en esos instantes su amiga Wynie soltaba una frase que llegó a hacerse mítica en el grupo: “El Principito existe, pese a El Polaco y su vaso de cubata...”
    El paso del tiempo ha revestido la frase con categoría de certera. De hecho, Emi sostiene que el amor platónico es, por definición, indefinido, y El Principito sigue campando a sus anchas por el planeta que ha creado para él. Entre ellos se han sucedido los encuentros reales, sin que ninguno haya servido para quitarle el calificativo de platónico al amor que Emi continúa sintiendo, pero eso os lo contaré en otra entrada...

TURBADA POR UN LIGUE IMPREVISTO

...Sintió que su pulso se aceleraba y escuchó a su corazón latir con fuerza...
   Aquella mañana fría y gris del invierno madrileño, víspera de la Cabalgata de Reyes, Wynie Smith dejó a su hijo en casa con unos amigos y se fue a hacer la compra al supermercado vecino a su domicilio. Vestía unos sencillos pantalones tejanos y un jersey blanco de cuello vuelto. Había poca gente y decidió esperar su turno en el puesto de pescado fresco. Mientras examinaba las doradas cuidadosamente expuestas, se dio cuenta de que un apuesto joven la examinaba a ella. Miró de reojo y se topó con unos ojos casi transparentes y unos labios sensuales que la obsequiaban con su provocadora sonrisa. No le dio mayor importancia, compró el pescado y se encaminó a la estantería de los lácteos. Se agachó para coger unas cajas de leche y sintió el contacto de una mano en su hombro derecho. Giró la cabeza y se topó con el rostro sonriente del joven.
    -¡Hola!, exclamó él. ¿Estás bien?
    -Sí, claro. ¿Y tú?, le contestó.
    -Sí, estoy bien. Pero estaría mejor a solas contigo.
    -¡No me digas!
   -Sí. Te lo digo porque lo siento. Eres la mujer más hermosa que pisa este supermercado.
    -¡Venga ya!
   -Puedo decirte con toda sinceridad que e he visto varias veces aquí y siempre me fijo en ti. ¿No te habías dado cuenta?
    -No. Vengo a hacer la compra, no a ligar.
    -Yo también, pero me cruzo contigo y solo puedo pensar en besarte.
   -¿En serio? ¿No te parece que eres demasiado joven para mi?, le preguntó ella en tono sarcástico.
    -Se que eres mayor que yo, por supuesto. No me importa. ¿A ti sí?
    -No, supongo que no.
     Al oír estas palabras, el joven se lanzó a la carga.
    -Acompáñame a mi casa. Ahora no hay nadie y me encantaría estar a solas contigo.
    -Vas muy rápido, ¿no te parece?
    -No. Quiero estar contigo. ¿Por qué tengo que esperar?
    -Porque yo no me voy a casa de un cualquiera que acabo de conocer.
   -¿Crees que yo soy un cualquiera? ¿Es que ves por ahí a muchos tipos como yo? ¿Tú me has mirado bien?, le preguntó al tiempo que su gesto denotaba la confianza de quien se siente dotado de un físico espectacular.
    -De acuerdo. Eres muy guapo, sí. ¿Y qué? ¿Crees que vas a conquistarme solo por eso?
   El joven acarició el rostro de Wynie, se agachó y besó las comisuras de sus labios. Acercó su boca al oído de ella y, en un tono casi imperceptible, le dijo “te deseo”. Sonrojada y nerviosa, empezó a coger yogures de varias clases y a meterlos en la cesta de la compra. Seguidamente, sin mirarlo ni pronunciar palabra alguna, se dirigió a la zona de embutidos. Su admirador la siguió.
    -Sé que te gusto y voy a seguirte, a no ser que me pidas que me vaya.
    Ella siguió callada. Parecía haber enmudecido. Terminó de hacer la compra y se colocó en la fila de una de las cajas. El muchacho seguía a su lado y no compró nada. Mientras Wynie pagaba los artículos adquiridos, él se alejó unos pasos, cogió una bolsa de naranjas y una barra de pan y volvió a su lado. Salieron a la calle. Insistía en que lo acompañara a su casa pero, al comprobar que Wynie reiteraba su negativa, le pidió el número de teléfono. Ella se quedó mirándolo. El rostro anguloso, los ojos tan claros que parecían transparentes, la nariz grande y bonita y aquellos labios rojos y sugerentes la turbaron. “Una oportunidad así no se presenta todos los días”, pensó mientras recitaba el número de un tirón. Tras cerciorarse de que lo había tomado bien, el muchacho soltó el pan y la bolsa de naranjas en el delantero de un coche aparcado junto a ellos y la abrazó. Wynie sintió cómo su pulso se aceleraba y escuchó a su corazón latir con fuerza. Entonces vio al muchacho convertido en hombre y tuvo claro que algún día iba a dejar que la hiciera suya. Tembló, le guiñó el ojo derecho y apresuró el paso calle abajo, arrastrando la cesta de la compra, en dirección a su casa. Sintió su voz llamándola pero no volvió la cara. Aligeró su caminar. No quería pensar en él y se concentró en el ruido de las ruedas de la cesta de la compra rozando el asfalto.

HOMBRES QUE CONSTRUYEN SU MUNDO SOBRE UNA GRAN MENTIRA

    Un diálogo sobre los hombres casados y sus actitudes ante la seducción
   En casa de Wynie Smith, la mesa inundada de pasteles y tazas de café, cinco mujeres continúan enzarzadas en una cuestión farragosa: ¿TE IRÍAS A LA CAMA CON UN HOMBRE CASADO? Olivia N., la última en incorporarse al gineceo, centra el diálogo con la siguiente reflexión:
Olivia: La primera pregunta que deberíamos hacernos es qué pretendemos al enrollarnos con un hombre casado. Obviamente, la respuesta variará si lo que queremos es solo sexo o, por el contrario, tenemos la intención -más o menos oculta- de que el susodicho deje a su mujer por la amante.
Katty: En mi caso, me hubiera gustado que así hubiera sido, pero no ocurrió. Mi relación con el belga estuvo llena de altibajos, de sonrisas seguidas de lágrimas.
Vicky: ¿Llegaste a planteárselo? Hay muchos que dejan a su mujer por la otra.
Katty: No tuve ocasión. Desde el principio me dejó claro que no abandonaría a su familia por nada del mundo.
Toñi: Para que hagan eso necesitan tener muy claro que no van a quedarse solos, y que habrá otra que los acoja, les prepare la comida, les planche las camisas y les tenga la cama caliente cada noche. Los tíos no saben vivir solos. Si encontráis a uno sin pareja es porque aún no ha podido conseguirla. En tu caso, ¿qué pretendes, Wynie?
Wynie: Que se venga a vivir aquí no, desde luego. Y plancharle las camisas, tampoco. No sé planchar, ja, ja. Hacerle la comida no me importaría, porque me encanta cocinar. Y respecto a lo de la cama caliente, encantada. Cuando me arrebujo con Ése entre las sábanas toco el cielo con los diez dedos de mis manos, afirma con una amplia sonrisa dibujada en sus labios.
Olivia: Sí, claro, no lo dudo. Pero lo que Wynie no dice, y la conozco mejor que todas vosotras, es que ella quiere a un hombre en su cama solo cuando no tiene a su hijo. Y no siempre ni al mismo tío, puntualizó. ¿A que no me equivoco?, inquirió directamente a la aludida.
Wynie: No mucho. Acabo de decir que no quiero vivir con nadie. Eso es lo que he tenido durante quince largos años y no pienso repetir la experiencia. La convivencia es corrosiva y dañina.
Katty: Imagínate que Ése EL ANSIA DEL AMOR PROHIBIDO Y ESQUIVO deja a su mujer. ¿Qué tipo de relación estarías dispuesta a mantener con él? ¿Pasarías del resto de tus amantes, profesor de Matemáticas incluido, para dedicarte a él en exclusiva?
Wynie: Si yo tuviera claro que cada fin de semana que mi hijo no estuviera en casa podría disfrutarlo con Ése al completo, te aseguro que sería el único. Ahora hago otros planes porque nunca sé si va a llamarme o si tendré la suerte de encontrármelo en El Maligno.
Olivia: Eso será en caso de que vayas tú a El Maligno. Porque muchas veces quedas con el profe o con cualquier otro de la lista y no te meneas de tu casa. No te lo recrimino, por supuesto. Haces tu vida porque sabes que Ése hace la suya y, si no le viene bien, ni te llama ni se acuerda de que existes. Lo que me parece mal es que aceptes una cita sabiendo que viene a echarte unos cuantos polvos y marcharse. Tú vales mucho y no deberías consentirlo.
Wynie se sonrojó y Toñi saltó de inmediato en su ayuda.
Toñi: ¿Y por qué no? Ella puede y debe, si le gusta, hacer lo mismo que él. Un rato de sexo y luego, adiós. A mi me parece una situación ideal. Ojalá encontrara yo un amante casado. Así tendría claro que se marcharía sin protestar de mi casa. Cuando no tienen compromiso se ponen muy plastas y no encuentran el momento de irse.
Vicky: Si el tipo te gustara especialmente o pensaras que estás enamorada de él, como me ocurre a mi cada vez que me acuesto con uno, te molestaría que se marchara nada más terminar de hacerlo.
Katty: Ése es un problema para Wynie, chicas. Yo también la conozco y sé que le gusta fuera de la cama tanto como dentro, igual que me ocurría a mi con El Belga. Ambos son hombres que, además de darnos buen sexo, nos hacen reír. Una ecuación muy peligrosa, afirma convencida.
Olivia: La hace reír si tiene tiempo. Porque alguna vez ha llegado a su casa, le ha echado el polvo y se ha marchado, casi sin cruzar palabra.
Toñi: Me da la impresión de que eres excesivamente dura con tu amiga. No creo que lo que cuentas haya ocurrido exactamente así.
Wynie: Me atrevo a reconocer que sí, que en alguna ocasión ha sido más o menos así.
Toñi: Bueno, ¿y qué? Tampoco importa. Lo único que importa es que no te haga sufrir.
Katty: No seamos cínicas ni falseemos la realidad para tapar o encubrir el problema. A Wynie le ocurre lo mismo que me pasaba a mí. Ése le gusta mucho y sufre cada vez que sale de su casa. Porque ni en una sola ocasión ha conseguido retenerlo a su lado el tiempo que hubiese querido. Aunque nos duela, es lo que hay. Las mujeres con las que se casaron y les dieron a sus hijos son las que de verdad les importan. Y una amante, por mucho que les guste, siempre será “la otra”. Vicky dijo antes que muchos dejan a su mujer por la otra, pero lamento disentir. En mi opinión, se trata de excepciones contadas. Los hombres son muy cómodos y, por muy mal que lo lleven con las legítimas, no las dejan. Otro gallo les cantaría si, cuando dejan de sentirse atraídos sexualmente por sus esposas, no encontrasen en la calle ni una sola mujer dispuesta a regalarles placer.
Vicky: Ya os lo dije antes. Si queremos tener una relación sincera, sea del tipo que sea, el susodicho en cuestión no podrá ser nunca un hombre casado. Ellos no saben lo que es la sinceridad porque se pasan la vida coqueteando con la mentira. Mienten a sus esposas, a sus amantes, a sus hijos y a quién encarte y la razón es que construyen su mundo encima de una gran mentira. ¡Anda y que les zurzan!, exclama. Deberían quedarse más solos que la una, a ver si así corrigen el vicio de mentir, concluye.

¿TE IRÍAS A LA CAMA CON UN HOMBRE CASADO?

    ."Si los casados no encontrasen mujeres con las que echar una cana al aire harían fila en las puertas de los Juzgados para pedir el divorcio"...
     Wynie Smith y Katty Lloyd quedaron citadas en casa de esta última a la hora del café. Tenían una conversación pendiente sobre la conveniencia o no de enredarse con hombres casados. Casualmente, esa misma tarde Wynie había citado a dos invitadas más: Vicky y Toñi, amigas de la infancia que se encontraban en Madrid pasando unos días de vacaciones. Nada más llegar, ambas se fijaron en el rostro de la anfitriona, aún marcado por las huellas de los besos de Ése, y sus comentarios dieron pie al diálogo que reproduzco a continuación.
Toñi: Qué bien empezaste el año, ¿no? ¡Vaya tela como te han dejado la cara, bonita!
Wynie: Sí. Me he puesto mucha crema, pero las escamas de la piel no desaparecen. Supongo que será cuestión de tiempo, contestó en tono apesadumbrado.
Vicky: Bueno, mujer, ahora no te quejes. Sarna con gusto no pica.
Katty: Si de verdad fuera así no se quejaría. El problema es que el gusto no fue completo y terminó antes de lo que ella hubiera querido.
Toñi: ¡Qué pena! No me digas que, después de dejarte la cara así, se trataba de un mal amante.
Wynie: No, para nada. Más bien al contrario: demasiado bueno.
Vicky: ¿Entonces?
Katty: Está casado, pero parece que nuestra amiga no quiere enterarse. Se mete con él en la cama cada vez que lo ve, y cuando el tipo sale corriendo porque tiene que llegar a casa para cumplir con su mujercita, vienen los pesares y las lamentaciones.
Vicky: ¡Qué horror! Esto es más grave de lo que yo pensaba. ¿Cómo se te ocurre irte con un hombre casado? Yo no podría. ¿Meterme en la cama con un tío que tiene a otra en casa, porque resulta que un día me ha conocido y le gusta mi boca, o mis pechos, o mi culo? De eso nada. Y si todas hiciéramos lo mismo las relaciones serían más sinceras. Si los casados no encontraran mujeres con las que echar una cana al aire harían fila en las puertas de los juzgados para pedir el divorcio.
Katty: Ja, ja! En principio, a todas nos parece mal el hecho de enrollarnos con un hombre casado... Hasta que te toca, ¿verdad, amiga?, preguntó señalando a Wynie con el gesto. Yo acabo de salir de una relación tormentosa con un espécimen de ese tipo, reveló a Toñi y a Vicky. Y no os quiero ni contar las charlas que me daba Wynie, en plan racional, con sus teorías de marisabidilla y su principio indiscutible de que los sentimientos se dominan. Por supuesto, ella jamás se hubiera ido con un hombre casado, hasta que se le presentó, ja, ja!.
Wynie, apesadumbrada: No lo sabía cuando ocurrió, Katty.
Katty: ¿Y qué? Te lo dijo la segunda vez que te vio. Si lo hubieras mandado a casa con su mujer, ahora no estaríamos hablando del asunto.
Wynie: Renunciar al placer es muy difícil, como dice Emi.
Vicky: Yo lo hubiera rechazado nada más enterarme, os lo aseguro. Lo tengo clarísimo y os voy a explicar por qué.
Katty: Ja, ja. ¡Eso decís todas!
Vicky: Lo que me ocurre a mi es que soy muy enamoradiza. Cuando me voy con un hombre es porque, en ese momento, me siento enamorada hasta los tuétanos y pienso que el individuo en cuestión me corresponde. No entiendo lo del sexo por el sexo, tiene que haber algo más. Y claro, un casado va a lo que va. Aunque no me lo hubiera dicho, yo lo habría notado. Esas cosas se notan.
Wynie: ¿Ah, sí? Pues yo debo ser muy tonta, porque no me enteré de nada.
Toñi: No eres la única, la consoló. En cualquier caso, creo que estamos errando el tiro. Las mujeres no debemos ser tan duras ni juzgarnos a nosotras mismas o a nuestras amigas con tanta falta de consideración. El problema no es tuyo, cariño. Es suyo, aseveró al tiempo que pellizcaba con ternura la mejilla de Wynie. No eres tú la que tiene que dar explicaciones, sino él. Es él quien engaña, quien tiene que inventarse excusas para salir de casa o buscar respuestas creíbles cuando le pregunten de dónde viene. Así que no te amargues y disfruta mientras te dure. Y recuerda siempre lo que acabo de decirte. Tú no tienes ningún problema. El problema es suyo.
    Sonó el timbre. La dueña de la casa recibió a otra de sus íntimas, Olivia N. La recién llegada también tenía sus teorías y entró de lleno en la conversación.
     Para no alargar demasiado este texto, dejo para mañana la segunda parte de la larga y jugosa charla femenina. Mientras tanto, espero vuestros comentarios, tanto de hombres como de mujeres. Y, más concretamente, me gustaría recibir muchas respuestas razonadas del sector femenino a la pregunta que titula este diálogo: ¿Te irías a la cama con un hombre casado?

lunes, 3 de diciembre de 2012

EL ANSIA DEL AMOR PROHIBIDO Y ESQUIVO

 ...Se miró al espejo y se recreó en el vestigio de los besos de Ése marcados en su rostro...
    Wynie Smith abrió los ojos bien avanzada la tarde del primer día de 2012. Las piezas del carísimo traje de Hermés que sacara del fondo de su armario para lucir en la cena del 31 -a la que asistió junto a Olivia N- aparecían desparramadas por el suelo del salón de su casa. Este hecho le recordó que había sido arrancado de su cuerpo con la premura del deseo. Consiguió, con dificultad, salir de la cama y ponerse de pie. En esos momentos, cada uno de sus huesos doloridos le habló de la pasión derrochada en las horas pasadas. A duras penas y con pasos vacilantes pudo alcanzar el cuarto de baño. Se miró al espejo y se recreó en el vestigio de los besos de Ése marcados en su rostro.
   Notó las escamas de la piel seca bajo sus labios y la untó con delicadeza de crema hidratante. Las imágenes de la barba incipiente restregándose por toda la superficie de su cuerpo con el ansia del amor prohibido y esquivo desfilaron por delante suya cual escenas entremezcladas de películas trágicómicas. Un torrente de secuencias con sabor agridulce surcó su corazón para recordarle que Ése pertenecía a otra mujer y la entrega que a ella le brindaba era momentánea, fruto de una llama intermitente que asomaba entre las brasas del amor oficial. Llama perezosa y cobarde, carente de la fuerza necesaria para vencer a las viejas brasas y lanzarse a las pasiones nuevas. Fuego débil e incapaz de romper el vínculo matrimonial que obligaba a Ése a saltar de la cama de Wynie tras poseerla intensamente, impulsado por la urgencia de llegar a tiempo al domicilio conyugal.
   Recogía la ropa del suelo con movimientos torpes, sus pensamientos anclados horas atrás, en la visión de Ése vistiéndose y ella intentando dormirse en un instante para no verlo marcharse y no pensar que lo había perdido de nuevo. Rememoraba con tristeza un beso fugaz en sus mejillas, sentía los pasos masculinos cruzando el salón y maldecía el ruido de la puerta al cerrarse porque ponía fin al placer intenso y efímero vivido bajo las sábanas de la cama, aún plagadas de las huellas de fluidos corporales y sudores mutuos. Volvía al presente, sentía su soledad como un ejército de alfileres clavándose en su piel y se preguntaba con amargura por qué no conseguía retenerlo a su lado, ni un día, ni siquiera unas horas más. Una simple comida juntos, o el disfrute de un sueño suave recostada en su pecho y refugiada entre sus brazos.
    El sonido del teléfono interrumpió tan dolorosas reflexiones. Escuchó la voz de su amiga Katty Lloyd, interesada en conocer lo ocurrido a Olivia y a ella durante la última noche del año. LAS CHICAS DE ABREMELOYA VIVEN LAS ÚLTIMAS AVENTURAS DE 2012
    -¿Qué tal la cena y las uvas en el ático de la Puerta del Sol?  
   -¿Qué modelos os pusísteis? ¿Y Olivia, vio a El Elegante?, preguntaba sin respiro y sin dejar tiempo para las respuestas.
    -Tranquila, Katty. Vayamos por partes. Lo primero que quiero contarte es que me he levantado con un millón de agujetas atravesando mi cuerpo.
    -¡Que suerrrrrte! ¿Dónde ligaste, en la cena? ¿Con quién?
    -No. Me encontré con Ése en El Maligno.
    -¡Bah! Ya me hubiera gustado que nombraras a otro. Deduzco que volviste a acostarte con él. Muy mal, sentenció. Insisto en que no te conviene, no deberías haber caído otra vez y lo que tienes que hacer es olvidarte de que existe. Acuérdate de lo que me decías a mi cuando estaba con El Belga y aplícate tu propia medicina. MARIPOSAS EN EL ESTÓMAGO DE WYNIE SMITH Creo que el asunto es muy delicado y debemos tratarlo con calma y personalmente. Cuéntame lo demás y hablaremos de Ése cuando nos veamos.
   -Bien, si eso es lo que quieres... Triunfamos las dos, Olivia con su frac blanco y yo con mi traje de Hermés. La cena fue muy glamorosa y el Moet Chandón circulaba como si fiera agua. Desde la terraza mirábamos el reloj de la Puerta del Sol y a la multitud, bajo nuestros pies, recibiendo al 2012. Olivia no vio a El Elegante y no ligó porque no quiso. Además, tampoco tenía tiempo. Estaba citada con su hermano para ir al Space a la primera fiesta del año. Y yo, sola en casa después de...
    Katty interrumpió sus previsibles lamentaciones.
  -Eso es lo que te espera cada vez que te vayas con Ése. Voy a repetirte tus propias palabras, a ver cómo te suenan... "Ponte ahora mismo a hacer los deberes del olvido y no vuelvas a acercarte a un hombre casado. Cuando se quitan el anillo y se echan a las calles no se merecen ni que los miremos a la cara..." KATTY, SU AMANTE BELGA Y EL ABISMO  Ja, ja, rió. Cuántas vueltas da la vida, ¿verdad, amiga Wynie? Ahora soy yo la que tengo que decirte a ti que mandes al casado a su casa y no te lo lleves a la tuya. No se lo merece.
   -Ya. No me lo recuerdes, por favor, le pidió Wynie, apesadumbrada.
   -Vale. Es mejor que lo hablemos cara a cara. Otro día...

SUEÑOS Y REALIDADES

    Ellas y sus fantasías sexuales
   El intenso frío invernal que azota Madrid contribuyó a reunir una noche reciente a Emi, Katty, Olivia y Wynie en el apartamento del barrio de los Austrias propiedad de esta última. Hacía mucho tiempo que el grupo no coincidía al completo debido a las desavenencias surgidas entre Olivia y Wynie a causa de El de 28 y unas fotos publicadas en Facebook Amigas, hombres y celos. Emi, empeñada en poner fin a la complicada situación, se las ingenió para convencer a las dos en discordia de que hablasen y solventasen sus diferencias, con Katty y ella misma ejerciendo como testigos. Así transcurrió la primera parte de una velada en la que Wynie preparó albóndigas de merluza siguiendo una receta con solera de Abremeloya. Además de comer, durante la cena hablaron, lloraron y se abrazaron entre bocado y bocado. Decidieron abandonar las malditas fotos de Facebook en el almacén del olvido y volver al afecto, la complicidad y los buenos momentos que durante los últimos años las mantuvieron tan unidas. Brindaron por la superación del bache y celebraron con burbujas doradas el advenimiento de una amistad renovada.
   Tras vaciar la botella de cava, la anfitriona quiso agasajar a sus amigas con un tesoro que guardaba en el fondo de un armario desde hace más de un lustro: una botella de brandy Remy Martin Louis XIII, considerado entre los tres mejores cognac del mundo. Se la regaló su amante El Político durante la época dorada del romance furtivo que mantuvieron Mis amigas y, hasta esa noche, no había encontrado el momento idóneo para abrirla. Las bajas temperaturas y el sueño que tuviera la madrugada anterior propiciaron la ocasión.
  -Tengo que contaros que anoche soñé con El Polìtico, anunció. Hoy quiero abrir y terminar en vuestra compañía esta botella que él me regaló. Ni un solo recuerdo suyo permanecerá en esta casa cuando salga de nuevo el sol. Hay que soltar lastre, que llega un nuevo año, indicó con una media sonrisa dibujada en su semblante.
   -Ya me extraña que conservaras esa reliquia, comentó Emi. Estaba convencida de que todo lo que te relacionaba con Él Político lo echaste a criar malvas en el pasado de tu vida.
   -Así lo creía yo hasta que tuve un sueño que me incitó a pensar que algo suyo quedó vagando por el limbo de mis recuerdos, anclado en un lado oscuro de mi ser que ni siquiera yo reconozco, contestó la aludida. La botella es su representación mundana.
   -Tú, tan elocuente como siempre. Cuéntanos ya el sueño y déjate de tanta palabrería remilgona, terció Olivia con retintín.
    -Eso digo yo. Empieza, la secundó Katty.
   Wynie volvió a llenar las cuatro copas del carísimo brandy, se acomodó en el sofá y tomó aire antes de empezar.
   -Estábamos sentados uno al lado del otro, en sendos asientos de primera clase de un avión que surcaba el Atlántico. El echó unas cortinillas azules que nos aislaban de miradas curiosas y empezó a besarme y a acariciarme los pechos. Yo respondía a sus caricias con una excitación creciente y le pedía que me penetrara allí mismo, sobre aquellos asientos de primera.
    -¡Qué morbo!, exclamó Katty mientras las demás permanecían atentas a la disertación de la anfitriona. ¿Te lo llegaste a tirar en el sueño, o es que habías tenido una experiencia parecida en la realidad?, inquirió.
    -Nunca he tenido la suerte de que me ocurriera nada parecido en la vida real, y mira que me he subido veces a un avión, aunque en primera no tantas, precisó Wynie. Lo gracioso del asunto es que en el sueño terminé haciendo el amor en un asiento de primera, pero mi compañero no era El Político, sino un apuesto pasajero alemán con el que congenié cuando mi amante se quedó dormido.
    -Recuerdo que una vez me contaste que una de tus fantasías sexuales más recurrentes era la de hacerlo en un avión. Lo que sucede en el mundo onírico suele ser un reflejo de los deseos o las ilusiones que ansiamos y no hemos podido llevar a cabo en la vida real, aseveró Olivia.
   -Bueno, ya sabemos cuál es la fantasía sexual de Wynie. Ahora faltamos las demás. ¿Quién empieza?, se digirió Emi al grupo, levantándose del sofá y alzando su copa.
    -Brindemos por las fantasías sexuales, propuso Katty.
    Se escuchó el tintinar repetido de las copas al chocar. El grupo se acomodó de nuevo en el sofá y se dispuso a seguir hablando de fantasías sexuales. (CONTINUARÁ)
                                                         RoCastrillo

domingo, 2 de diciembre de 2012

ARROZ CON GAMBAS

     Un plato exquisito, típico de la Costa de la Luz (Huelva)
   La receta que os propongo hoy es típica de la costa de Huelva o Costa de la Luz, y constituye uno de los platos imprescindibles del recetario de mi madre. Este arroz con gambas, con una vistosa presentación y muy sencillo de preparar, es ideal para una comida de domingo o una ocasión en la que tengáis invitados a la mesa. Enumero los ingredientes y a continuación, explico cómo se prepara.
     INGREDIENTES (para seis personas):
    Tres tazas de arroz, 300 gramos de gambas crudas, el agua de cocción de las gambas, 1 pimiento rojo, dos pimientos verdes, 1 tomate grande, una cebolla, dos dientes de ajo, 1 vaso de vino blanco, una hoja de laurel, unas hebras de azafrán y sal.
    MODO DE ELABORACIÓN:
   En primer lugar, se cuecen las gambas en agua con sal y, una vez frías, se pelan y se reserva el agua de cocción. Las cabezas y el resto de las cáscaras se pasan por el chino y se obtiene un caldo que también se reserva. A continuación se cortan a tiras el pimiento rojo y uno de los verdes y se refríen en aceite de oliva, en el mismo recipiente donde se vaya a cocinar el arroz. Una vez fritos, se retirarn y se reservan para la decoración del plato. En el mismo aceite se sofríen la cebolla muy picadita, los ajos cortados a rodajas, el tomate pelado y troceado y el otro pimiento verde, también cortado en pequeños trocitos. Cuando la verdura empiece a dorarse se le echa el vaso de vino blanco y se deja a fuego medio hasta que el vino se evapore. Llegado ese momento, se incorporan las tres tazas de arroz y se remueve bien para que se mezclen todos los ingredientes. La misma taza que se ha usado para medir el arroz se usa para calcular el agua, que dependerá del tipo de arroz que se use. La cantidad usual es el doble más una, es decir, siete tazas del agua de cocer las gambas que habíamos reservado, más el caldo obtenido de pasar por el pasapurés o chino las cabezas y cáscaras de las gambas. Seguidamente se añaden el azafrán y la hoja de laurel y se corrige de sal si es necesario. (Hay que tener en cuenta que el agua que se ha echado al arroz ya llevaba sal). Se deja cocer el arroz a fuego lento y, poco antes de que el arroz esté tierno, se añaden las gambas peladas. Cuando el caldo se haya consumido y el arroz esté tierno, se retira del fuego y se cubre con un paño o servilleta blanca para que repose.
    Unos minutos después se pone el arroz, ya listo, en la fuente donde vayamos a servirlo y se decora con las tiras fritas de pimiento rojo y verde que se reservaron al principio, tal como se ve en la fotografía, y ¡a disfrutar!
   ¡Que paséis un feliz fin de semana! Y si es erótico, mejor...
                                                                         RoCastrillo