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Un blog de relatos eróticos y cocina con solera. Los relatos narran las aventuras de cuatro mujeres divorciadas y sus conversaciones sobre sexo y hombres. Las recetas se elaboran siguiendo viejos cuadernos de cocina, escritos a principios del siglo XX


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lunes, 10 de diciembre de 2012

AMOR A TRES

    ¿Es posible amar a dos personas a la vez?
    Mientras Emi Abbott permanece encerrada con El Polaco en la intimidad de su alcoba, Wynie Smith, Olivia N. y Katty Lloyd se han reunido para pasar la tarde juntas. Entre taza y taza de café charlan sobre la amiga ausente y, de forma más concreta, sobre sus DOS AMORES: El Polaco y El Principito, el real y el platónico.
                                
 -¿Es posible amar a dos hombres a la vez? En mi caso, no, se pregunta y se responde al mismo tiempo Katty Lloyd.                    
   -¿Por qué?, le pregunta Wynie Smith mirándola fijamente.
  -Te repito que yo no puedo. Soy mujer de un solo hombre. O de ninguno, como me ocurre ahora, por desgracia.
  -¿Por desgracia?, salta Olivia con retintín. Pues yo estoy muy tranquila sin tener que aguantar a ningún pelmazo, aclara. Tú también, ¿verdad, Wynie?
   -Encantada. ¡No sabes cuánto!, exclama la aludida. Y respecto a querer a dos a la vez, pues sí, soy capaz. A dos y a doscientos, precisa riendo. Tengo el corazón muy grande, ya sabéis. Más o menos como el tuyo, querida Olivia, señala a su amiga con el gesto. Tienes sitio para El Cubano, El de 28 y alguno que otro más.
   -Efectivamente. A alguno, o algunos, para ser exacta, los he tenido que expulsar por incordios y por indeseables, no por falta de espacio en mi corazón, culmina la frase con una sonora carcajada.
    -Te refieres a El Elegante y a El Ejecutivo, ¿estoy en lo cierto?, pregunta Wynie en tono afirmativo.
    -Tú lo has dicho. A ambos, apostilla. Hombres casados que nos ocultaron la realidad de sus vidas y nos conquistaron. Y en los dos casos me enteré de lo que había por casualidad. A El Elegante lo conozco desde hace tiempo y sabía que tenía novia, pero nunca me dijo que se hubiera casado. Me lo soltó una amiga común de modo fortuito, sin pensar que estaba revelando un secreto de Estado. Y de El Ejecutivo tampoco sabía nada, ni sobre su matrimonio ni sobre su vida. Y la noche que conocí a El Diseñador EL ENIGMA DESCIFRADO, hablando sobre gente y conocidos en común, salió a colación una tía que resultó ser la esposa de El Ejecutivo. Me quedé impresionada porque no tenía ni idea y no me lo esperaba. A ti, por lo menos, Ése te lo dijo.
    -Tarde, cuando ya se había revolcado en mi cama y sabía lo que me gustaba, pero sí, me lo dijo... Y tampoco le ha servido para permanecer en mi corazón, que conste. No he dejado espacio libre para ningún casado, ¡jajaja!
    -Pues un día me dijiste que si lo volvieras a ver, sería muy probable que te fueras de nuevo con él, le indica Olivia.
   -Sí, te lo dije y es bastante factible que así sea. No obstante, debes tener en cuenta que mi corazón y mi cama son lugares distintos. En mi cama ha habido muchos que no se han acercado a mi corazón, ni siquiera de puntillas, ironiza.
   -Yo también me vi obligada a expulsar a El Belga de mi vida por la misma cuestión, por no querer compartirlo con su mujer, o ser la otra, pero no desvariemos, chicas. Discutíamos sobre la posibilidad de amar a dos hombres a la vez, recuerda Katty. 
    -A mi me ocurre desde hace algún tiempo, revela Olivia. La verdad es que si, que suelo tener a dos personas en mi cabeza de modo simultáneo. Y supone una sensación nueva en mi vida, algo especial que no recuerdo haber sentido antes. Antes -reitera- me enamoraba, me desenamoraba y me volvía a enamorar, pero así, paso a paso. No como ahora, que de repente me doy cuenta de que tengo a dos hombres en la cabeza, y que lo mismo me da estar con uno que con otro...
   -Pues a mi me pasa lo mismo, anuncia Wynie. A dos e incluso a más. Alguna vez me he sorprendido a mi misma pensando en dos hombres al mismo tiempo. Y sintiendo lo mismo que tú decías antes, que me hubiera dado igual estar con uno o con otro... Otra cosa distinta es meterme en la cama con los dos.
    -Y tanto, salta Katty. Ya os contaré una aventura que tuve hace algún tiempo, indica con una sonrisa pícara.
   -¿Nos estás queriendo contar que has hecho un trío, Katty?, inquiere Olivia. Mucho me sorprende de ti.
     Bueno, bueno, vamos a dejarlo para otro día...
     Como os podéis imaginar, Olivia y Wynie insistieron a Katty hasta la saciedad, ansiosas porque les contara una historia que quedará desvelada en el próximo post...                        

domingo, 9 de diciembre de 2012

¿EN QUÉ PIENSAN LAS MUJERES CUANDO HACEN EL AMOR?

"La persona con la que estés y sus cualidades amatorias determinan las reflexiones del momento", coinciden en afirmar
  Hace un par de semanas, mi colega Fran Almería escribió en su página web http://cucoalmeria.net un artículo sobre lo que piensan las mujeres mientras practican sexo. Mencionaba varias encuestas realizadas en Institutos y Universidades de Estados Unidos y Reino Unido, según las cuales la mente femenina podía volar a universos tan cotidianos como la colada, la depilación o las tareas del hogar. Después de cruzar con Fran varios mensajes y compartir unas cuantas risas sobre el tema, decidí preguntárselo a MIS AMIGAS y trasladar sus respuestas a estas páginas.
                           
   Una vez tratado el asunto con las cuatro, me ha llamado la atención una respuesta común y compartida por el grupo: sus pensamientos en esos momentos especiales están directamente relacionados con la identidad de la pareja, es decir, varían en función de que el amante de turno les guste mucho o poco y sea más o menos experto en las artes amatorias. Trascribo, a continuación, las declaraciones de EMI, WYNIE, KATTY Y OLIVIA sobre tan peculiar asunto.
Emi: Cuando estoy haciendo el amor con El Polaco EL DESPERTAR SEXUAL DE EMI ABBOTT solo él ocupa mi mente. Me concentro a fondo en el meollo de la cuestión, es decir, dar y recibir placer. Jamás he pensado en nada distinto. Ahora bien, debo confesar mis desvaríos mentales cuando el compañero es otro hombre. En algún caso he divagado sobre la hora que sería, si debería irme a casa o quedarme a dormir con él cuando termináramos e, incluso, qué le diría al susodicho en caso de encontrármelo otra vez.
Wynie: Para mi, las comparaciones resultan inevitables. Sobre todo, porque he conocido pocos hombres perfectos y, en este sentido, algunos tienen unas cualidades de las que otros carecen. Por ejemplo, estando con El profesor de Matemáticas, DESAYUNO AFRODISÍACO a quien no le gusta mucho el sexo oral, he pensado en El Guiri, un auténtico ARTISTA DE LA LENGUA. Y, en alguna ocasión, mientras lo hacía con un hombre de pene pequeño, me ha venido a la cabeza el tremendo falo del profesor. También debo confesar que he llegado a maldecir a Ése para mis adentros al tiempo que gozaba a su lado EL ANSIA DEL AMOR PROHIBIDO Y ESQUIVO... Sabía que iba a marcharse cuando termináramos y no podía soportar esa idea ni apartarla de mi mente. Incluso me enfadaba conmigo misma por estar haciendo el amor con un hombre casado... Ahora celebro que Ése forme ya parte del pasado, puntualiza. Lo que nunca me ha ocurrido  -afirma tajante- es que las tareas domésticas, la lavadora o cualquier asunto similar invadieran mis pensamientos en esos momentos especiales e irrepetibles porque, aunque se trate de la misma persona, un acto nunca resulta igual que el anterior...
Katty: Reconozco que soy un poco paranoica con el sexo seguro y, en el instante más álgido, aparece la obsesión de que el preservativo pueda romperse, o de que no esté bien puesto. Últimamente he tenido varias aventuras fuera de mi casa y he pensado en la pereza que me iba a dar tener que marcharme cuando terminara... También la esposa de mi amante belga KATTY, SU AMANTE BELGA Y EL ABISMO ha asaltado mi mente mientras disfrutaba con él. Pensaba qué le haría ella en la cama, y qué podría hacerle yo para que permaneciera a mi lado. Incluso cuando alguna vez que me ha tocado un amante torpe, he deseado que terminara rápido, se marchara y me dejara dormir tranquila...
Olivia: Me considero una mujer muy generosa y, fundamentalmente, pienso en dar placer a mi compañero. A veces, si no tengo confianza con el hombre en cuestión, reflexiono sobre si sería o no adecuado preguntarle qué le gustaría que le hiciera, e incluso en qué momento debería hacerle la pregunta. Recuerdo que con El Cubano, UN MULATO DE OJOS VERDES Y UN POEMA en los momentos de gozo más intensos, me planteaba mentalmente si estaba gimiendo demasiado fuerte y si mis vecinos podrían escucharme. Quería concentrarme para no gritar tanto pero el placer era tan inmenso que no podía. He llegado a lanzar un gemido fuerte al mismo tiempo que pensaba en cómo sofocarlo... No, estoy segura de que los quehaceres domésticos nunca han ocupado mi mente en esos momentos de gloria, niega convencida.
    Hasta aquí, las confesiones de cuatro mujeres acerca de lo que piensan mientras tienen sexo o hacen el amor... Y los hombres, ¿en qué pensarán?. Fran Almería afirma que "la mente se nos queda en blanco y toda la superficie cerebral se dedica al saludable ejercicio de disfrutar del momento" ¿Será del todo cierto que son capaces de dejar de pensar y rendirse al placer al cien por cien? Aprovecho esta ocasión para comprometerme, queridos lectores, a preguntar a otros hombres y publicar sus respuestas en este blog.
   Finalmente, hombres y mujeres, lanzo la pregunta del millón. ¿En qué piensas cuando haces el amor? Espero vuestras respuestas y comentarios debajo del artículo. No hace falta que dejéis vuestros nombres reales. Con una dirección de e-mail es suficiente. ¡Os animo a contestar sin pelos en la lengua!                                    

martes, 4 de diciembre de 2012

HOMBRES QUE CONSTRUYEN SU MUNDO SOBRE UNA GRAN MENTIRA

    Un diálogo sobre los hombres casados y sus actitudes ante la seducción
   En casa de Wynie Smith, la mesa inundada de pasteles y tazas de café, cinco mujeres continúan enzarzadas en una cuestión farragosa: ¿TE IRÍAS A LA CAMA CON UN HOMBRE CASADO? Olivia N., la última en incorporarse al gineceo, centra el diálogo con la siguiente reflexión:
Olivia: La primera pregunta que deberíamos hacernos es qué pretendemos al enrollarnos con un hombre casado. Obviamente, la respuesta variará si lo que queremos es solo sexo o, por el contrario, tenemos la intención -más o menos oculta- de que el susodicho deje a su mujer por la amante.
Katty: En mi caso, me hubiera gustado que así hubiera sido, pero no ocurrió. Mi relación con el belga estuvo llena de altibajos, de sonrisas seguidas de lágrimas.
Vicky: ¿Llegaste a planteárselo? Hay muchos que dejan a su mujer por la otra.
Katty: No tuve ocasión. Desde el principio me dejó claro que no abandonaría a su familia por nada del mundo.
Toñi: Para que hagan eso necesitan tener muy claro que no van a quedarse solos, y que habrá otra que los acoja, les prepare la comida, les planche las camisas y les tenga la cama caliente cada noche. Los tíos no saben vivir solos. Si encontráis a uno sin pareja es porque aún no ha podido conseguirla. En tu caso, ¿qué pretendes, Wynie?
Wynie: Que se venga a vivir aquí no, desde luego. Y plancharle las camisas, tampoco. No sé planchar, ja, ja. Hacerle la comida no me importaría, porque me encanta cocinar. Y respecto a lo de la cama caliente, encantada. Cuando me arrebujo con Ése entre las sábanas toco el cielo con los diez dedos de mis manos, afirma con una amplia sonrisa dibujada en sus labios.
Olivia: Sí, claro, no lo dudo. Pero lo que Wynie no dice, y la conozco mejor que todas vosotras, es que ella quiere a un hombre en su cama solo cuando no tiene a su hijo. Y no siempre ni al mismo tío, puntualizó. ¿A que no me equivoco?, inquirió directamente a la aludida.
Wynie: No mucho. Acabo de decir que no quiero vivir con nadie. Eso es lo que he tenido durante quince largos años y no pienso repetir la experiencia. La convivencia es corrosiva y dañina.
Katty: Imagínate que Ése EL ANSIA DEL AMOR PROHIBIDO Y ESQUIVO deja a su mujer. ¿Qué tipo de relación estarías dispuesta a mantener con él? ¿Pasarías del resto de tus amantes, profesor de Matemáticas incluido, para dedicarte a él en exclusiva?
Wynie: Si yo tuviera claro que cada fin de semana que mi hijo no estuviera en casa podría disfrutarlo con Ése al completo, te aseguro que sería el único. Ahora hago otros planes porque nunca sé si va a llamarme o si tendré la suerte de encontrármelo en El Maligno.
Olivia: Eso será en caso de que vayas tú a El Maligno. Porque muchas veces quedas con el profe o con cualquier otro de la lista y no te meneas de tu casa. No te lo recrimino, por supuesto. Haces tu vida porque sabes que Ése hace la suya y, si no le viene bien, ni te llama ni se acuerda de que existes. Lo que me parece mal es que aceptes una cita sabiendo que viene a echarte unos cuantos polvos y marcharse. Tú vales mucho y no deberías consentirlo.
Wynie se sonrojó y Toñi saltó de inmediato en su ayuda.
Toñi: ¿Y por qué no? Ella puede y debe, si le gusta, hacer lo mismo que él. Un rato de sexo y luego, adiós. A mi me parece una situación ideal. Ojalá encontrara yo un amante casado. Así tendría claro que se marcharía sin protestar de mi casa. Cuando no tienen compromiso se ponen muy plastas y no encuentran el momento de irse.
Vicky: Si el tipo te gustara especialmente o pensaras que estás enamorada de él, como me ocurre a mi cada vez que me acuesto con uno, te molestaría que se marchara nada más terminar de hacerlo.
Katty: Ése es un problema para Wynie, chicas. Yo también la conozco y sé que le gusta fuera de la cama tanto como dentro, igual que me ocurría a mi con El Belga. Ambos son hombres que, además de darnos buen sexo, nos hacen reír. Una ecuación muy peligrosa, afirma convencida.
Olivia: La hace reír si tiene tiempo. Porque alguna vez ha llegado a su casa, le ha echado el polvo y se ha marchado, casi sin cruzar palabra.
Toñi: Me da la impresión de que eres excesivamente dura con tu amiga. No creo que lo que cuentas haya ocurrido exactamente así.
Wynie: Me atrevo a reconocer que sí, que en alguna ocasión ha sido más o menos así.
Toñi: Bueno, ¿y qué? Tampoco importa. Lo único que importa es que no te haga sufrir.
Katty: No seamos cínicas ni falseemos la realidad para tapar o encubrir el problema. A Wynie le ocurre lo mismo que me pasaba a mí. Ése le gusta mucho y sufre cada vez que sale de su casa. Porque ni en una sola ocasión ha conseguido retenerlo a su lado el tiempo que hubiese querido. Aunque nos duela, es lo que hay. Las mujeres con las que se casaron y les dieron a sus hijos son las que de verdad les importan. Y una amante, por mucho que les guste, siempre será “la otra”. Vicky dijo antes que muchos dejan a su mujer por la otra, pero lamento disentir. En mi opinión, se trata de excepciones contadas. Los hombres son muy cómodos y, por muy mal que lo lleven con las legítimas, no las dejan. Otro gallo les cantaría si, cuando dejan de sentirse atraídos sexualmente por sus esposas, no encontrasen en la calle ni una sola mujer dispuesta a regalarles placer.
Vicky: Ya os lo dije antes. Si queremos tener una relación sincera, sea del tipo que sea, el susodicho en cuestión no podrá ser nunca un hombre casado. Ellos no saben lo que es la sinceridad porque se pasan la vida coqueteando con la mentira. Mienten a sus esposas, a sus amantes, a sus hijos y a quién encarte y la razón es que construyen su mundo encima de una gran mentira. ¡Anda y que les zurzan!, exclama. Deberían quedarse más solos que la una, a ver si así corrigen el vicio de mentir, concluye.

¿TE IRÍAS A LA CAMA CON UN HOMBRE CASADO?

    ."Si los casados no encontrasen mujeres con las que echar una cana al aire harían fila en las puertas de los Juzgados para pedir el divorcio"...
     Wynie Smith y Katty Lloyd quedaron citadas en casa de esta última a la hora del café. Tenían una conversación pendiente sobre la conveniencia o no de enredarse con hombres casados. Casualmente, esa misma tarde Wynie había citado a dos invitadas más: Vicky y Toñi, amigas de la infancia que se encontraban en Madrid pasando unos días de vacaciones. Nada más llegar, ambas se fijaron en el rostro de la anfitriona, aún marcado por las huellas de los besos de Ése, y sus comentarios dieron pie al diálogo que reproduzco a continuación.
Toñi: Qué bien empezaste el año, ¿no? ¡Vaya tela como te han dejado la cara, bonita!
Wynie: Sí. Me he puesto mucha crema, pero las escamas de la piel no desaparecen. Supongo que será cuestión de tiempo, contestó en tono apesadumbrado.
Vicky: Bueno, mujer, ahora no te quejes. Sarna con gusto no pica.
Katty: Si de verdad fuera así no se quejaría. El problema es que el gusto no fue completo y terminó antes de lo que ella hubiera querido.
Toñi: ¡Qué pena! No me digas que, después de dejarte la cara así, se trataba de un mal amante.
Wynie: No, para nada. Más bien al contrario: demasiado bueno.
Vicky: ¿Entonces?
Katty: Está casado, pero parece que nuestra amiga no quiere enterarse. Se mete con él en la cama cada vez que lo ve, y cuando el tipo sale corriendo porque tiene que llegar a casa para cumplir con su mujercita, vienen los pesares y las lamentaciones.
Vicky: ¡Qué horror! Esto es más grave de lo que yo pensaba. ¿Cómo se te ocurre irte con un hombre casado? Yo no podría. ¿Meterme en la cama con un tío que tiene a otra en casa, porque resulta que un día me ha conocido y le gusta mi boca, o mis pechos, o mi culo? De eso nada. Y si todas hiciéramos lo mismo las relaciones serían más sinceras. Si los casados no encontraran mujeres con las que echar una cana al aire harían fila en las puertas de los juzgados para pedir el divorcio.
Katty: Ja, ja! En principio, a todas nos parece mal el hecho de enrollarnos con un hombre casado... Hasta que te toca, ¿verdad, amiga?, preguntó señalando a Wynie con el gesto. Yo acabo de salir de una relación tormentosa con un espécimen de ese tipo, reveló a Toñi y a Vicky. Y no os quiero ni contar las charlas que me daba Wynie, en plan racional, con sus teorías de marisabidilla y su principio indiscutible de que los sentimientos se dominan. Por supuesto, ella jamás se hubiera ido con un hombre casado, hasta que se le presentó, ja, ja!.
Wynie, apesadumbrada: No lo sabía cuando ocurrió, Katty.
Katty: ¿Y qué? Te lo dijo la segunda vez que te vio. Si lo hubieras mandado a casa con su mujer, ahora no estaríamos hablando del asunto.
Wynie: Renunciar al placer es muy difícil, como dice Emi.
Vicky: Yo lo hubiera rechazado nada más enterarme, os lo aseguro. Lo tengo clarísimo y os voy a explicar por qué.
Katty: Ja, ja. ¡Eso decís todas!
Vicky: Lo que me ocurre a mi es que soy muy enamoradiza. Cuando me voy con un hombre es porque, en ese momento, me siento enamorada hasta los tuétanos y pienso que el individuo en cuestión me corresponde. No entiendo lo del sexo por el sexo, tiene que haber algo más. Y claro, un casado va a lo que va. Aunque no me lo hubiera dicho, yo lo habría notado. Esas cosas se notan.
Wynie: ¿Ah, sí? Pues yo debo ser muy tonta, porque no me enteré de nada.
Toñi: No eres la única, la consoló. En cualquier caso, creo que estamos errando el tiro. Las mujeres no debemos ser tan duras ni juzgarnos a nosotras mismas o a nuestras amigas con tanta falta de consideración. El problema no es tuyo, cariño. Es suyo, aseveró al tiempo que pellizcaba con ternura la mejilla de Wynie. No eres tú la que tiene que dar explicaciones, sino él. Es él quien engaña, quien tiene que inventarse excusas para salir de casa o buscar respuestas creíbles cuando le pregunten de dónde viene. Así que no te amargues y disfruta mientras te dure. Y recuerda siempre lo que acabo de decirte. Tú no tienes ningún problema. El problema es suyo.
    Sonó el timbre. La dueña de la casa recibió a otra de sus íntimas, Olivia N. La recién llegada también tenía sus teorías y entró de lleno en la conversación.
     Para no alargar demasiado este texto, dejo para mañana la segunda parte de la larga y jugosa charla femenina. Mientras tanto, espero vuestros comentarios, tanto de hombres como de mujeres. Y, más concretamente, me gustaría recibir muchas respuestas razonadas del sector femenino a la pregunta que titula este diálogo: ¿Te irías a la cama con un hombre casado?

domingo, 20 de mayo de 2012

¿El Tamaño Importa?

Conversación femenina en el salón de un apartamento del centro de Madrid
    Dice Emi Abbot que la polla de su amante polaco es del tamaño de un vaso de cubata y que esa desmesura la vuelve loca. Además de El Polaco, Emi tiene un amor platónico con el que nunca ha compartido cama -por eso es platónico, claro- pero al que un día perdido ya en el tiempo -aunque no en su memoria- llego a tocarle la herramienta por encima del pantalón tejano y comprobó admirada que le llegaba casi a la rodilla. Este fenómeno, al parecer, ha impedido que lo olvide pese al paso de los días, los meses y los años...
    Cuando se lo contó a sus íntimas, Katty Lloyd se echó las manos a la cabeza y de sus labios escapó un grito de horror. Ella asegura que un aparato tan descomunal no sirve para nada porque no se levanta y, en consecuencia, nunca será una polla dura, sino morcillona. Katty no quiere, ni tampoco necesita, según confiesa, un pene que pase de los quince centímetros. Aunque afirma que el tamaño importa, le da un valor solo relativo.
    -La importancia del tamaño no me parece crucial, pero reconozco que si me voy a la cama con un tipo que acabo de conocer y la tiene muy pequeña me produce frustración. Hasta me da un poco de corte mirarla o tocarla, cuenta a sus amigas en el transcurso de una reunión femenina en el salón del apartamento de Olivia N.
     
    -Pues a mí, de corte, nada. El problema, si es que existe, es suyo, replica Wynie Smith en tono descarado. Uno de mis mejores amantes la tiene pequeña, muy pequeña -revela- y me lo paso genial con él. En el sexo, la boca o las manos pueden jugar un papel tan importante como el de la polla. Lo que ocurre -prosigue con discurso de experta- es que los machos suelen dar a sus vergas más importancia de la que realmente tienen. La mayoría de las veces están tan obsesionados con el tamaño, con que se ponga dura y con impresionar a su pareja que se olvidan de que los juegos sexuales también existen y generan orgasmos estupendos, argumenta convencida.
    Desparramando su hermosura en toda la extensión del sofá de su apartamento, Olivia N. mira de reojo a Wynie Smith que, sentada a su izquierda en una silla de diseño roja, continúa su exposición sobre pollas, clítoris y orgasmos en tono pausado y didáctico, como si disertara sobre un complicado teorema matemático. De repente, Olivia da un brinco del sofá y, con las manos en jarra, espeta a su amiga:
    -¿Sabes lo que yo tengo claro e estas alturas de la vida, bonita? Que cuando un tipo te diga que el tamaño no importa es porque la tiene pequeña.
    -Ja, ja, ja. Tú sí que sabes de lo que hablas, la secunda Emi Abbott.
   -¿Y vosotras que os creéis, que lo que yo os cuento lo he aprendido en los libros?, replica Wynie Smith. La experiencia me ha enseñado que hay dos tipos de hombres sexualmente hablando, puntualiza: los que tienen un pollón y solo se preocupan de meterla y sacarla, y aquellos a los que la naturaleza no ha dotado tan bien y procuran esmerarse con todo tipo de juegos y fruslerías para complacer a la hembra. Sabéis que uno de mis amantes habituales pertenece a la primera categoría y no es, precisamente, el que más feliz me hace en la cama, por muy grande que la tenga. Mi conclusión, por tanto, es que la importancia del tamaño es relativa. No es mejor amante el que más grande tenga la polla, sino el que mejor sepa jugar con su lengua, ¿me entendéis?
    -Claro que te entiendo, pero ésa es tu opinión. Yo, desde luego, una polla pequeña no la quiero para nada. A mí lo que me gusta es que me metan una buena tranca, suelta Olivia N. al tiempo que sus palabras se mezclan con sus propias risas y las del resto del gineceo.
    -A mí también. No hay nada mejor que eso, corrobora Emi Abbott. ¿Os acordáis de aquel chico pijo tan guapo que me llevé una noche a casa de Wynie? Me gustaba mucho, pero no repetí con él porque nunca en mi vida había visto una polla tan pequeña. ¡¡¡Qué perezón!!!, exclama ante las carcajadas de sus amigas.
    -Pues lamento deciros que yo estoy al lado de Wynie, aclara Katty Lloyd. El tamaño importa relativamente. Prefiero a un hombre que me haga feliz con los toqueteos y los besuqueos, aunque no la tenga muy grande, que a un tipo pegado a una tremenda polla que no pare de meterla y sacarla. ¡Qué cansancio y qué dolor!
     
    -En mi opinión, estáis un poco confundidas, chicas, tercia Emi Abbott. El hecho de que un hombre tenga una buena verga no lo limita para practicar el resto de los juegos de alcoba. Os aseguro que mi amante polaco da para todo, así me tiene de contenta, relata orgullosa.
  -La perfección no existe, querida, interfiere Wynie Smith. O exageras sus virtudes amatorias, o El Polaco es la excepción que confirma la regla.
   -Ni exagero ni necesito hacerlo. Es la realidad y tú lo sabes. Te lo he contado muchas veces, Wynie, ¿Por qué no me crees?
    -No es que no te crea. En tu caso ocurren dos cosas: la primera, que no has probado a muchos hombres y te faltan elementos para conformar una opinión de peso sobre el asunto. La segunda, pero no menos importante, es que tu polaco tiene 60 años. Si no ha flaqueado ya, poco le falta, indica con una sonrisa irónica.
   -Estoy de acuerdo, corrobora Katty LLoyd. A partir de los cuarenta la potencia del llamado sexo fuerte empieza a esfumarse. Lo certifico porque lo he comprobado en más de una ocasión.
    -Escuchad, chicas, interrumpe Olivia N. La importancia del tamaño está en relación directa con la manera que tiene cada hembra de disfrutar del sexo. No es lo mismo sentir orgasmos vaginales que ser clitoridiana.
    -Desde luego. Yo me considero clitoridiana, pero eso tampoco significa que no tenga orgasmos vaginales. Por supuesto que los disfruto, aunque he de reconocer que la intensidad es distinta. Mi cuerpo vibra de otra forma cuando la excitación proviene del clítoris. La sensación es más fuerte, apunta Wynie Smith. Es posible que por dicha razón no le dé tanta importancia al tamaño, aclara.
    -Por esa misma razón se la doy yo, indica Olivia. Mis mejores orgasmos se producen con la penetración, no con la excitación clitoridiana. Está claro por qué no me divierto si mi pareja la tiene pequeña.
    -¿Emi?, inquiere Wynie Smith.
    -Me ocurre exactamente lo mismo que a Olivia, responde la aludida.
   -Yo soy multiorgásmica, se define Katty Lloyd. Lo mismo disfruto con la penetración que con la excitación del clítoris. Si tengo un amante experto en esto último no echo de menos la penetración. De hecho, El Belga, que es el que más feliz me hace, es medio impotente. Se le baja cuando tiene que ponerse el condón, pero no me importa. Es tan bueno en el resto de las cositas... concluye con una sonrisa pícara.
    La pena es que está casado y me dejó muy claro lo que había desde el primer día que nos conocimos. Ahora, después de varios e intensos encuentros, me veo obligada a luchar contra mis sentimientos para no enamorarme de alguien que nunca será del todo mío, comenta mientras su gesto se tuerce y se vuelven tristes sus ojos verdes.
    -Ya, cariño. Acabo de decir que la perfección no existe. Todos tienen un defecto, y el de tu belga es que está casado, la consuela Wynie Smith.
    -¿Qué os parece si dejamos para otro día el tema de las relaciones con hombres casados y nos vamos a tomar algo?, sugiere Emi Abbott, dando por finalizada la tertulia ante el asentimiento del resto de sus amigas, mientras Wynie Smith pellizca la mejilla de Katty Lloyd en un intento de devolver la alegría a su semblante entristecido. 
    Espero vuestros comentarios a este artículo. ¿Creéis que el tamaño importa?
                                                                                            RoCastrillo