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Un blog de relatos eróticos y cocina con solera. Los relatos narran las aventuras de cuatro mujeres divorciadas y sus conversaciones sobre sexo y hombres. Las recetas se elaboran siguiendo viejos cuadernos de cocina, escritos a principios del siglo XX


miércoles, 28 de noviembre de 2012

MARIPOSAS EN EL ESTÓMAGO DE WYNIE SMITH


  ...La agarró con fuerza por ambos brazos, la estrechó contra su pecho y la besó con una pasión inusitada...
    Wynie volvió a ver a Ése mucho antes de lo que hubiera imaginado. No hubo llamadas ni mensajes. Solo un encuentro en El Maligno que no fue tan casual como ella creía. Justo dos semanas después de conocerlo llegó con sus amigas al citado club y lo vio nada más entrar, apostado al lado de la puerta, como si estuviera esperándola.
                                           
    -No pensaba verte tan pronto, le dijo a modo de saludo.
    -Yo a ti sí. De hecho, he venido a buscarte, contestó él sonriendo y con la mirada perdida en las esbeltas piernas femeninas. Estás muy guapa con esa minifalda, la piropeó al oído.
    -¿Vas a contarme por qué sabías que iba a venir esta noche? ¿Eres vidente, o quizás un detective que ha seguido cada uno de mis pasos?
    -Ninguna de las dos cosas. Tú misma me dijiste que solo salías una semana de cada dos, porque la otra estabas con tu hijo.
    -Sí, ya, contestó ella, satisfecha de que su amante hubiera recordado aquel hecho en teoría banal y decidiera actuar en consecuencia. ¿Tú de qué vas?, le espetó en tono descarado. Primero huyes de mi casa como la Cenicienta y luego dices que vienes a buscarme. ¿Pretendes confundirme, o la noche me confunde?
    Ése sonrió sin contestar. La agarró por la cintura y pretendió besarla. Wynie se deshizo de sus brazos y alejó sus mejillas del rostro masculino con un giro brusco de cabeza.
    -Ahora me confundes tú a mi. Creía que te gustaban mis besos.
   -Tanto como a ti los míos. Pero si quieres volver a probarlos, tendrás que explicarme por qué me dejaste plantada.
    -Perdóname. Lo siento, se disculpó el hombre.
    -No me da la gana. No creo en el perdón y, mucho menos, para practicarlo con un tipo que me dejó plantada. Si no me lo aclaras, adiós. Me voy con mis amigas. Te veo falto de inteligencia emocional, querido follador, le soltó al tiempo que lo provocaba con una mirada lasciva y la punta de la lengua paseándose por sus labios pintados de rojo fuego.
   -Ven aquí. Quédate conmigo, le contestó él mientras agarraba su brazo y la llevaba en dirección a los baños. Ahora te lo cuento todo, de verdad.
    -Empieza, le ordenó ella parándose en seco e intentando que la soltara.
   -Me esperaban en casa. Mi esposa y mi hija, aclaró, y Wynie sintió que una catarata de ladrillos se desplomaba sobre su cabeza. Le lanzó una mirada de “eres lo peor”y volvió la espalda con la intención de encaminarse al salón. Ése lo impidió. La agarró con fuerza por ambos brazos, la estrechó contra su pecho y la besó con una pasión inusitada. Ella no supo, ni pudo ni quiso negarse. Se entregó sumisa a aquellos besos ardientes. Al unísono, una colonia de mariposas surcaba su estómago y se humedecían sus labios interiores... Se dejó arrastrar por aquel beso interminable ajena al numeroso público que contemplaba la escena y al mundo entero que dejó de existir en esos momentos. El tiempo se estiró como un chicle y los abalanzó hasta la puerta de salida, prolongó la unión de sus labios por varias calles del centro de la ciudad e inundó de deseo cada rincón de la casa de Wynie. La razón abandonó su mente y entregó su cuerpo al placer de las manos masculinas que lo surcaban, al fuego del miembro erecto que se introducía en las viscosidades de su interior abierto en canal y a los latidos de corazones excitados que rompían el silencio de la noche. Se amaron con fuerza y sin palabras, y el día sorprendió sus cuerpos sudorosos y pegados. Un reloj situado sobre la mesilla de noche rompió el encantamiento. Ése lo miró y la realidad se convirtió en agua helada derramándose por toda la extensión anatómica de Wynie. Un escalofrío recorrió su ser y expulsó cuatro letras de sus labios. “Vete”.
    -¿Por qué quieres que me vaya? ¿Me estás echando?
    -No. Eres tú quien ha mirado la hora. Me has recordado que otra te está esperando y no lo soporto. El hombre que me ame, mientras esté a mi lado, tiene que entregarse al cien por cien.
    -Yo me entrego. Ven aquí. Déjame amarte otra vez.
    Y Wynie, la racional, la cerebral, la que enseñaba a sus amigas a doblegar los impulsos del corazón, no fue capaz de aplicarse su propia medicina y se dejó llevar por el precipicio de pasiones al que Ése la arrastró. Porque la razón se tornaba polvo cuando lo sentía dentro de su cuerpo y el paraíso se mostraba ante sus sentidos en su inmensidad más intensa...
                                                                                                                       RoCastrillo

martes, 27 de noviembre de 2012

EL CREPÚSCULO DEL POLACO Y EMI ABBOTT

       "....Emi se hacía el amor a sí misma, prisionera en su alcoba de las palabras que el polaco le dedicaba..."
   El fuego que brotaba entre el polaco y Emi Abbott nada más rozarse y la pasión desenfrenada que envolvía sus encuentros se volvieron crepúsculo con el acontecer de los días. Como ya os conté en una entrega anterior de ABREMELOYA EL DESPERTAR SEXUAL DE EMI ABBOTT , ninguno de los dos podía -o quería- bajar la intensidad del ímpetu que los arrastraba hasta la inconsciencia desde el inicio de cada una de sus citas, en la terminal de llegadas del aeropuerto de Barajas, Madrid. Nadie, ni siquiera ellos mismos, pensó nunca que ese fuego -como todos- terminaría apagándose... Sin embargo, no tuvo que pasar mucho tiempo para que así ocurriera.
                                                               
    No hubo terceras personas, por si alguien lo estaba pensando. No. Ocurrió, simplemente, que se les rompió el amor... de tanto usarlo. Las llamadas telefónicas de una hora diaria como minimo se fueron espaciando. En parte, porque Emi no tenía mucho tiempo libre y, para colmo de males, su amiga Wynie Smith le insistía en lo absurdo que resultaba perder varias horas al día hablando por teléfono con un hombre. Lo que Wynie no captaba es que el polaco no era un hombre al uso y Emi lo sentía aún más especial que el resto del mundo. Con 60 años, su currículum vital lucía la huella de haber sido ex todo: ex cocainómano, ex empresario, ex alhohólico, ex marido... Estaba tan cansado de vivir que soñaba cada madrugada con deshacerse en minúsculas partículas y que cada una de ellas, cual fotones de luz, encendiera el camino que su amada habría de tomar en la vida...
     En las largas conversaciones telefónicas que sostenían se entremezclaban el fotonismo y el culo de vaso; el existencialismo con la lencería fina que Emi compraba expresamente para sus citas; el sexo tántrico y la cacharrería erótica. Juego de palabras con el que el polaco conseguía conmover a Emi a la vez que la ponía a cien y ella decidía encender el ordenador y buscar el vuelo que más rápido la llevara a sus brazos. Y cuando esos arranques se convirtieron en hábito, el mundo ajeno al hombre que rodeaba a Emi se resintió. Protestaron sus jefes, se enfadó su madre y se quejaron sus hijas. Por no hablar de su amiga Wynie Simith, que a diario le exponía sus documentadas teorías de marisabidilla según las cuales el polaco ya había cumplido su cometido en la vida de Emi y mantener esa relación carecía de sentido. Lo cierto es que las citas de ambos se fueron distanciando sin que el fuego que los quemaba se resistiera a apagarse. El sexo por teléfono suplió a los encuentros carnales y Emi pasó de encerrarse con él en una habitación de hotel a pasar noches enteras prisionera, en su propia alcoba, de las ardientes palabras que su amante le dedicaba. Guiada por él, se hacía el amor a sí misma con la sensación de que era él quien se lo estaba haciendo y se introducía en su vagina húmeda un pene artificial tamaño maxi pensando que se trataba de su añorado vaso de cubata.
    Y así han estado durante el último año: viéndose muy poco y practicando el sexo en la distancia. Y la distancia terminó por apagar el fuego... Emi tenía la intención de pasar una semana a su lado estas Navidades.. Soñaba con los escasos días que faltaban para calmar su ardor, para sentir a su amado polaco dentro de su cuerpo y perpetuar al máximo el éxtasis... Aunque fuera la última vez... Aunque luego lo viera desintegrarse en miles de fotones plateados...
   Hoy mismo he recibido una llamada de Wynie Smith. Me ha contado que Emi está desesperada porque el polaco no vendrá... de momento. Al parecer, le ha pedido un tiempo de reflexión.
     -¿Y eso? El tiempo lo da el reloj, nosotras no, le he contestado.
    -Exactamente lo mismo le he dicho yo. Y además, le he añadido que el hombre que pide tiempo quiere a otra, me ha contestado Wynie.
     Y para contaros, queridos lectores, el desenlace de esta historia, he telefoneado yo misma a Emi Abbott. Afortunadamente, no la he encontrado ni deprimida ni nerviosa. Es más: me ha pedido que saliéramos a cenar la próxima semana para despedirnos antes de la Navidad. Sobre la ausencia del polaco, está convencida de que no durará mucho. Asegura que volverá y que ella lo recibirá con los brazos abiertos (y algo más, ja,ja).
                                                                                                                                         RoCastrillo

UNA PASIÓN ATRAPADORA

                                   EL DESEO DE LA PRIMERA NOCHE
    Wynie se llevó a Ése a su casa y a su cama varias horas después de conocerlo en El Maligno y tras haber compartido con él unas cuantas risas, algún beso furtivo y otras cosas que no pueden contarse públicamente. Caminaron varias manzanas abrazados y besándose como posesos hasta llegar al apartamento del barrio de Los Austrias. Una vez en la intimidad, se despojaron de sus ropas mientras sus lenguas recorrían cada rincón de sus anatomías ardientes de deseo. Recostados en el sofá, follaron como leones y siguieron gozando encima de una silla, bajo las tibias aguas de la bañera y entre las sábanas estampadas de rosas que cubrían la amplia cama. Entregados de lleno a la tarea de descubrir el goce de sus cuerpos, apenas intercambiaron palabras.
        
    Solo cuando fue consciente de que el sexo junto a Ése adquiría un matiz especial, Wynie le lanzó un tímido “creo que esto se nos da demasiado bien”, y el asintió al tiempo que le dedicaba una mirada cómplice, una sonrisa ancha y un beso apasionado que ella saboreó como si se tratara del primero de su vida. No durmieron en las pocas horas que quedaban de noche... Él se despidió con los primeros rayos de sol y salió corriendo cual Cenicienta temerosa de que el Hada rompiera el encantamiento por llegar unos minutos tarde...Aquella huida sin motivo aparente le produjo a Wynie tal sensación de vacío que no pudo evitar el hecho de pedirle tímidamente una explicación del tipo “por qué tienes tanta prisa, si es sábado”. Él la tranquilizó con un beso cálido y estas palabras: “tengo unas gestiones que hacer. Descansa un rato, déjame tu número de teléfono y cuando despiertes estaré de nuevo a tu lado. Volveré, no te preocupes”.
    Escuchó el ruido de la puerta al cerrarse y tuvo la sensación de que todo lo ocurrido en esa noche mágica se había esfumado para siempre. Una extraña sensación de amargura recorrió su cuerpo e inundó las sábanas de la cama, poseídas aún por el olor especial que dejara Ése. Tuvo que repetirse a sí misma varias veces las palabras que el hombre pronunciara minutos antes de marcharse, con un convencimiento fuera de toda duda razonable “volveré, no te preocupes”, antes de ser capaz de quedarse dormida. Pasaron las horas.... Se despertó, preparó algo para comer, recogió la ropa, ordenó la casa, se fumó un cigarrillo y dejó que el tiempo siguiera consumiendo la lenta espera. El teléfono y el timbre permanecían en silencio. La noche abarcó con sus penumbras toda la extensión de aquel apartamento frío y vacío. Fue entonces cuando Wynie constató la evidencia de que Ése la había engañado. No volvió como había prometido y ni siquiera se dignó a llamarla. Indignada, dio un puñetazo en la mesa que le dejó la mano derecha dolorida durante un buen rato. Seguidamente, agarró el teléfono y marcó el número de su íntima Emi Abbott.
    -Qué pena, con lo simpático que parecía ayer cuando lo conocimos en El Maligno, indicó ésta. No me esperaba esa reacción tan rara de él. En cualquier caso no te preocupes ni pierdas más tiempo pensando en un tipejo así. El próximo día que salgas te buscas a otro y punto. Tú eres un espíritu libre y no quieres atarte a ningún hombre. De eso alardeas, ¿o no?
    -No alardeo, Emi. Es lo que siento. Y tienes razón: a Ése, que le den por el c. y que le guste. Afortunadamente, puedo tener a cualquiera que me guste cuando me de la real gana, y si vuelve o da señales de vida, que espere al final de la cola...
    Emi asintió con un sonriente “así se habla” y Wynie, más tranquila, decidió llamar también a Olivia y a Katty.
    -Los hombres, cariño, son todos iguales, le aseguró la primera. Te calientan la oreja con todo lo que quieras escuchar para conseguir su propósito y, una vez que te han llevado a cama y han saciado su deseo, cogen la puerta, se van y se olvidan de lo dicho. No puedo creerme que te sorprenda su actitud. ¿Que querías, que se quedara a vivir en tu casa?
    -No exageres, Olivia. Solo pretendía pasar el resto del finde con él...
     -Tú querías un fin de semana y a él le bastó con unas cuantas horas. El sexo por el sexo es lo que tiene, le dijo Katty Lloyd durante la tercera y última conversación telefónica que mantuvo aquella jornada... Ya sabes mi opinión al respecto: si un tipo te gusta mucho no debes irte con él la primera noche. Lo más normal es que sea un machista y piense que tú eres una cualquiera por llevártelo a la cama nada más conocerlo. Ellos siempre están dispuestos para tener sexo pero, a la hora de pensar en una mujer para algo más que un revolcón, nunca escogerán a la que consiguieron nada más conocerla.
    -Yo no creo que eso ocurra con todos los hombres, Katty. Pero si es así, tengo claro que ni uno solo merece la pena. ¿Cómo voy a perder un minuto de mi vida con un tipo que piensa mal de mi porque accedí a tener sexo con él nada más conocerlo?
    -Ni un minuto ni una hora, porque no te dará la oportunidad de hacerlo. Él ya consiguió lo que quería de ti. Y la próxima vez que le entre el calentón buscará a otra. Porque lo que tú puedes darle ya lo conoce. Así actúan, hazme caso.
    -No me da la gana, Katty. Me niego a pensar que los hombres del siglo XXI minusvaloren a una mujer o piensen mal de ella por sucumbir a sus deseos sexuales la primera noche. 

    -Piensa lo que quieras, Wynie, o lo que más te convenga. Pero la realidad es la que yo te acabo de decir. Te guste o no. Lo siento.
    Wynie colgó el teléfono y lamentó que su amiga le hablara en el mismo tono que lo hubiera hecho su madre. Su enfado iba in crescendo y ya no se debía solo al plantón de Ése. Las palabras de Katty la irritaron al máximo. Se negaba a creer, y mucho menos a practicar, una virtud femenina tan antigua como la decencia. Por más que le advirtiera Katty, decidió seguir haciendo lo de siempre: tirarse a todos los tipos que le gustaran y, si alguno pensaba mal de ella por eso, que se fuera al carajo. En el fondo, estaba convencida que no todos los hombres reaccionaban como creía su amiga. Y en el caso de que Ése perteneciera a dicho grupo, tenía claro que no le resultaba interesante seguir teniendo sexo con él. Ni siquiera volverlo a ver. Así lo decidió aquella noche. No obstante, los hilos que mueven el destino, como suele ocurrir, se balancearon a su antojo. Wynie se reencontró con Ése mucho antes de lo que hubiera pensado. En próximas entregas de ABREMELOYA!!! descubriréis el quid de la cuestión. ¿Volvió a la cama con él?
¡    Aquí os dejo, queridos lectores y lectoras, un tema para el debate. En general, ¿piensan mal los hombres de una mujer por tener sexo con ella la primera noche? Espero vuestros comentarios al final del artículo, pinchando en el epígrafe “escribir un comentario”.
    Nota: Me encantaría recibir muchos comentarios del sector masculino, pues son ellos quienes, por razones obvias, tendrán la respuesta más acertada al tema que planteo hoy. 

EL LADO OSCURO DEL DESEO

                                   
                            UN INTENSO FINAL DE PUENTE PARA OLIVIA Y WYNIE
     Acomodados en una mesa al fondo del salón de un concurrido restaurante japonés, Olivia N. y el de 28 se devoraban con sus miradas embelesadas. El sushi y la tempura esperaban en los platos mientras ellos, ajenos al trasiego de público y camareros, sudaban cada gota del deseo que desprendían sus cuerpos ardientes. Olivia escuchaba bonitos piropos -eres la más guapa y la más sexy que pisa la noche de Madrid- entremezclados con susurros del tipo “no sabes los millones de pajas que me he hecho pensando en ti” o “no quiero cenar, solo tengo hambre de ti”. Pletórica y orgullosa, respondía con un tímido “yo también te deseo mucho”, al tiempo que su acompañante, por debajo de la mesa, rozaba y recorría sus muslos prietos con los dedos de sus pies descalzos.
                                                       
     En otro escenario distinto, un apartamento situado en el barrio de los Austrias, Wynie Smith, cansada después de una intensa jornada con el rubio, se disponía a relajarse con una ducha templada y a ponerse guapa para recibir al profesor de Matemáticas. Aunque no era su intención tener otra jornada seguida de sexo, cedió por la insistencia del hombre, que la llamó por teléfono y le calentó la oreja y otras partes de su cuerpo pidiéndole, con un tono de voz henchido de deseo, que lo dejara dormir a su lado aquella noche. Y Wynie, que no era mujer de placeres rechazados ni oportunidades perdidas, accedió a recibirlo porque tenía claro que, junto a él, el disfrute sexual estaba garantizado.
     Los entresijos del destino se pusieron de acuerdo para que, en el mismo día y a la misma hora, Olivia N. y Wynie Smith estuvieran, cada una en su casa, gozando y temblando con sensaciones similares. La primera, empotrada contra la pared de su dormitorio, sentía al de 28 entrando en su cuerpo, sus manos aplastando el torso de su compañero y sus uñas clavadas, dibujando las huellas del deseo, en la piel suave y blanca del joven. El empotramiento era su postura preferida y, en el instante más álgido de la penetración, dejaba escapar suaves alaridos y pensaba en que nada en el mundo era comparable a la dicha producida por ese cuerpo perfecto que la poseía una y otra vez; en la belleza de la musculatura masculina que acaparaba intensamente cada hueco de su anatomía de mujer abierta al gozo; y escuchaba la voz de su acompañante interrumpida por los gemidos, halagando cada curva, cada pliegue y cada movimiento de sus pezones turgentes... Y provocando que vibrara con una intensidad inusitada y de una manera exclusiva que sólo él era capaz de conseguir. “Te quiero solo para mí, eres mía, mía siempre...”, musitaba el joven, y ella se estremecía al escuchar aquellas palabras pletóricas de sensualidad, sabiendo-aunque sin querer pensarlo- que la pasión que ambos sentían era insostenible, y que aquel amor sucumbiría por el peso irremediable de quince años de diferencia...
     Como si las hadas jugaran con ambas amigas haciendo que sintieran lo mismo al mismo tiempo, Wynie gozaba con el profesor de Matemáticas entre las sábanas suaves de su ancha cama. Agasajada por el placer de sus embestidas en lo más profundo de su cuerpo, contemplaba la inmensa estampa del miembro erecto entrando y saliendo de su interior. El intenso disfrute la incitaba a pensar, de la misma forma que le ocurría a Olivia, que esa polla estaba hecha a su medida y se adaptaba a cada uno de los músculos de sus profundidades en una simbiosis perfecta. Pero, cuando se elevaba al éxtasis excelso, una silueta en forma de cuchillo afilado surgía del lado oscuro de sus pensamientos más recónditos y la apartaba del paraíso. Sombra maliciosa que le insistía en que solo era sexo, que no se confundiera, que el amor era otra cosa y que ella estaba condenada a no sentirlo. Que, como le aseguraba su amiga Emi Abbott con la constancia de la noche que sucede al día, el profesor de Matemáticas no la quería y tampoco ella podía quererlo. Porque los hombres como él tienen bastante con quererse a sí mismos y no pueden soportar la carga de más amor; y las mujeres como ella son incapaces de conformarse con lo cercano y lo posible porque el ansia que las envuelve las arrastra a desear siempre lo lejano e inalcanzable. Era en esos momentos cuando Wynie Smith, su cuerpo envuelto del sudor de la pasión, pensaba en su ex marido, en Ése y en todos los hombres que la habían estrechado entre sus brazos... Entonces, un escalofrío cruzaba su cuerpo de arriba a abajo. Ahogada por la sensación de que su respiración se paraba, se estremecía...
                                                                                                                      RoCastrillo

HAZAÑAS CONTADAS DE MUJER A MUJER

     
     LA JUGOSA CONVERSACIÓN TELEFÓNICA DE OLIVIA N. Y WYNIE SMITH
   Minutos después de que el elegante se marchara de su cama y de su casa, Olivia N. telefoneó a Wynie Smith.
    -Acaba de irse y no dejo de pensar en él. Siento mariposas en el estómago y chiribitas por ahí abajo..., confesó a su amiga.
   -Pues mal asunto, reina. ¿Quieres decirme que estás a punto de enamorarte? O peor aún. ¿Te has enamorado ya? Vamos, Olivia, que eso no puede pasarnos a mujeres como nosotras.
   -Pasa cuando tiene que pasar. A mi y a cualquiera. Incluso a ti. ¿O qué te crees, que estás hecha de una materia especial, Wynie?
   -No estábamos hablando de mi, sino de ti, Olivia. No puedes enamorarte de el elegante. Tiene novia y además, está a punto de convertirse en socio de tu ex. Date una ducha y bórralo de tu cuerpo, de tu mente y de tu vida. No te compliques más la existencia ni cargues con problemas distintos a los que ya acarreas. No puedo creerme que el elegante te ponga más que el de 28.
   -No, más no. El de 28 es único. Su polla está hecha a mi medida, ya te lo he dicho.
   -Ja, ja. Me alegro. Ese chico me gusta para ti.
   -Sí, pero nuestra amiga Emi me estropeó la historia. Ya lo sabes.
   -A mi me hizo algo parecido con el profe. También lo sabes tú, indicó Wynie.
                                                       
    -Por supuesto. Y hablando de todo un poco. ¿Qué tal con el rubio? ¿Sigue aún en tu casa?
    -Sí. Está durmiendo.
    -¿Y cómo se lo ha hecho? ¿Ha ido bien? No me has contado nada.
    -Todavía no me has dejado, darling.
    -Pues venga. Desembucha, le pidió Olivia.
    -Es encantador, divertido y muy simpático, afirmó Wynie.
    -No me refería a su forma de ser, sino a sus artes amatorias, especificó.
    -Es joven y está un poco verde. Con la lengua no es muy experto, por citar una cuestión que para mi es importante.
    -Ya lo sé. Y la polla, ¿cómo la tiene?, inquirió Olivia.
    -Grande pero rara. No es un amante diez, si es eso lo que quieres saber.
    -No lo he captado bien. Tendrás que explicarme qué quiere decir grande pero rara.
    -Lo que has escuchado. No se trata de un asunto de ciencia infusa. Veamos: el significado de grande está claro. Y rara, en este caso concreto, se refiere a torcida o ladeada, aclaró Wynie al tiempo que Olivia, al otro lado del aparato, escuchaba una sonora carcajada.
    -¡Ja, ja! Ahora sí. A mi me ocurrió una vez algo parecido. Me fui con un tipo que tenía la polla torcida, lo cual implicaba que él sentía el placer en posturas distintas a las que necesitaba yo.
    -Entonces, sabes de lo que te hablo, ¿verdad? Las diversas maneras en las que el rubio me ha penetrado esta madrugada no me han resultado completamente satisfactorias. Y unido a que con la lengua no anda muy ducho, digamos que...
    -No piensas repetir con él. Te conozco y no te gusta perder el tiempo, puntualizó Olivia.
     En ese momento sonó su móvil.
    -Wynie, Wynie! Luego te vuelvo a llamar, ¿vale? Es él, el de 28, informó a su amiga en tono eufórico antes de colgar.
    Wynie pasó el resto del sábado encamada con el rubio. Aunque no se trataba de un amante 10, le caía muy bien y se sentía a gusto a su lado. Eran más de las 8 de la tarde cuando el chico se despidió. Empezaba a las 9 su turno de trabajo como crupier en el Gran Casino de Madrid. Olivia volvió a llamarla, excitadísima porque había quedado esa misma noche a cenar con el de 28. También habló con Emi y Katty, que no pensaban salir. Ella tampoco había planeado hacerlo. Se dispuso a cambiar las sábanas de la cama y a recoger la casa antes de entregarse a la lectura o al sueño. El sonido del teléfono interrumpió su quehacer. Descolgó el aparato y escuchó la voz del profesor de Matemáticas al otro lado del hilo...
                                                                                                                      RoCastrillo

lunes, 26 de noviembre de 2012

DESAYUNO AFRODISÍACO

     WYNIE SMITH, SU AMANTE Y EL FULGOR DE LA CANELA
 Antes de que Emi Abbot estropeara la relación entre ellos, Wynie Simith y su amante el profesor de Matemáticas pasaban muchos fines de semana juntos en casa de ella. Un domingo, Wynie se despertó hambrienta después de una noche muy activa. El hombre, que ya estaba despierto y se manejaba en aquella casa como en la suya propia, se ofreció a preparar el desayuno y llevárselo a la cama. Lo que Wynie no sabía es que la bandeja rebosante de tostadas y con olor a canela iba a dejarla aún más cansada de lo que ya estaba. La canela, según le contó después su instruido compañero, es un potente afrodisíaco cuyos efectos se incrementan si se mezcla con azúcar y aceite de oliva. Os ofrezco hoy la receta de las exquisitas y -por qué no decirlo- afrodisíacas tostadas.

 
      INGREDIENTES PARA DOS PERSONAS:
      Ocho o diez rebanadas de pan, aceite de oliva, azúcar y canela.

     ELABORACIÓN:
   Tostar el pan hasta que se quede dorado y extender las rebanadas en un plato. Poner el aceite de oliva en una aceitera y echarlo sobre las tostadas hasta que queden cubiertas, sin que se empapen. A continuación, espolvorear primero con azúcar y después con canela. Estas tostadas pueden tomarse acompañadas de café o té. Aconsejo un té verde o de frutas del bosque, cuyo sabor resulta exquisito al mezclarlo con el de la canela. 
   
    MI RECOMENDACIÓN:
   Cuando os hayais hartado de comer tostadas, haced lo mismo que Wynie y el profesor de Matemáticas: practicar el sexo. Primero, sobre las sillas donde estábais desayunando. Seguid en el sofá, que la canela os dará energía para utilizar diversas posturas. Y si aún os quedan fuerzas, que será lo más probable, continuad en la cama. 

    ¡FELIZ DESAYUNO!

domingo, 25 de noviembre de 2012

Y LA LUNA ADORNÓ DE REFLEJOS PLATEADOS SUS CUERPOS DESNUDOS

      ...Se amaron con la energía de la adolescencia, la intensidad de lo efímero y la ilusión de lo nuevo...
    Darío Palacios, ex atleta de la selección nacional cubana exiliado en Miami y metido a relaciones públicas, llegó diez minutos tarde a la cita que tenía con Emi Abbott en el aeropuerto de Nasau, capital de las Bahamas. No se conocían. Ella viajaba en calidad de directora de una revista de moda, invitada por la organización de un desfile de diseños tropicales en el que participaban varios países de la zona. Cuando vio acercarse a aquel Adonis de ébano luciendo un elegante traje de chaqueta blanco y una sonrisa ancha dibujada en sus labios carnosos, el sudor provocado por el calor del lugar y los nervios de la espera se congeló en su semblante. Embelesada en la belleza escultural del recién llegado, fue incapaz de articular palabra alguna. Él la saludó con un beso apretado en su mejilla derecha, cogió su equipaje con una mano y agarró con la otra una de las suyas. Así, en silencio y agasajándose con sonrisas y miradas mutuas, atravesaron el corto tramo que los separaba del vehículo todo terreno aparcado en la terminal de llegadas. Emi no apartó la mirada del rostro de su acompañante durante el trayecto que recorrieron hasta llegar al hotel. Nunca había tenido una aventura con un hombre de color, pero las mariposas que revoloteaban entre su estómago y las partes más íntimas de su cuerpo le indicaron que estaba a punto de comenzar la primera.
     La pasión desbordada que surgió entre el ex atleta y la periodista empezó a fraguarse en el almuerzo de bienvenida que ofreció la organización a los informadores invitados al evento. Atento y solícito, el cubano derrochó sus mejores artes de galán y no se separó de Emi en ningún momento. En las playas turquesas de Nasáu, la tarde los envolvió con su brisa salada y su tinte encarnado, y el mar los abrazó en la calma de sus aguas cristalinas. La noche acompañó sus primeros besos a bordo del típico carruaje que les brindaba un romántico paseo a la luz de la luna. Y la luna adornó de reflejos plateados sus cuerpos desnudos en la terraza de una lujosa habitación de hotel...
    En los brazos de aquel monumento de chocolate, Emi Abbott se olvidó de que en su vida había existido un polaco que la adiestró en el arte de amar; un pintor con el que había iniciado una relación prometedora LOS NUEVOS MUNDOS DE EMI ABBOTT o unas hijas que la esperaban a miles de kilómetros. Se olvidó, incluso, de que el mundo seguía girando con sus grandezas y sus miserias, sus dichas y sus pesares. Bajo el sol suave de las Bahamas, en las aguas transparentes de sus playas o sobre el manto interminable de arena blanca se amaron con la energía de la adolescencia; la intensidad de lo efímero y la ilusión de lo nuevo. Y así, explorando el polígono del deseo en todas sus aristas, transcurrieron los cuatro días más hermosos que pudo abarcar la memoria de Emi...
   En el interior del avión que la llevaba de vuelta a Madrid, acomodada en su asiento de primera clase, los ojos entreabiertos y la mente viajando entre el sueño y la vigilia, Emi se recreaba en el recuerdo del cuerpo perfecto que la había poseído unas horas atrás; en el sabor dulzón de la piel morena que recorriera por completo con sus labios; en los brazos fuertes que manejaban su cuerpo para colocarlo en una diversidad interminable de posturas amatorias; en la belleza armónica de la herramienta oscura dibujando un ángulo recto con un torso que parecía esculpido por el más genial de los artistas; y en la intensidad de las sensaciones que recorrían los vericuetos de su ser en cada embestida... Abría los ojos, miraba al resto de los pasajeros dormitando en sus asientos, volvía a cerrarlos y pulsaba otra vez el play de su cerebro para volver a recrearse en la película de la aventura pasional más hermosa que pudiera contar mujer alguna. Sentía un torrente de aguas cálidas recorriendo su interior y sonreía...