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Un blog de relatos eróticos y cocina con solera. Los relatos narran las aventuras de cuatro mujeres divorciadas y sus conversaciones sobre sexo y hombres. Las recetas se elaboran siguiendo viejos cuadernos de cocina, escritos a principios del siglo XX


martes, 27 de noviembre de 2012

EL LADO OSCURO DEL DESEO

                                   
                            UN INTENSO FINAL DE PUENTE PARA OLIVIA Y WYNIE
     Acomodados en una mesa al fondo del salón de un concurrido restaurante japonés, Olivia N. y el de 28 se devoraban con sus miradas embelesadas. El sushi y la tempura esperaban en los platos mientras ellos, ajenos al trasiego de público y camareros, sudaban cada gota del deseo que desprendían sus cuerpos ardientes. Olivia escuchaba bonitos piropos -eres la más guapa y la más sexy que pisa la noche de Madrid- entremezclados con susurros del tipo “no sabes los millones de pajas que me he hecho pensando en ti” o “no quiero cenar, solo tengo hambre de ti”. Pletórica y orgullosa, respondía con un tímido “yo también te deseo mucho”, al tiempo que su acompañante, por debajo de la mesa, rozaba y recorría sus muslos prietos con los dedos de sus pies descalzos.
                                                       
     En otro escenario distinto, un apartamento situado en el barrio de los Austrias, Wynie Smith, cansada después de una intensa jornada con el rubio, se disponía a relajarse con una ducha templada y a ponerse guapa para recibir al profesor de Matemáticas. Aunque no era su intención tener otra jornada seguida de sexo, cedió por la insistencia del hombre, que la llamó por teléfono y le calentó la oreja y otras partes de su cuerpo pidiéndole, con un tono de voz henchido de deseo, que lo dejara dormir a su lado aquella noche. Y Wynie, que no era mujer de placeres rechazados ni oportunidades perdidas, accedió a recibirlo porque tenía claro que, junto a él, el disfrute sexual estaba garantizado.
     Los entresijos del destino se pusieron de acuerdo para que, en el mismo día y a la misma hora, Olivia N. y Wynie Smith estuvieran, cada una en su casa, gozando y temblando con sensaciones similares. La primera, empotrada contra la pared de su dormitorio, sentía al de 28 entrando en su cuerpo, sus manos aplastando el torso de su compañero y sus uñas clavadas, dibujando las huellas del deseo, en la piel suave y blanca del joven. El empotramiento era su postura preferida y, en el instante más álgido de la penetración, dejaba escapar suaves alaridos y pensaba en que nada en el mundo era comparable a la dicha producida por ese cuerpo perfecto que la poseía una y otra vez; en la belleza de la musculatura masculina que acaparaba intensamente cada hueco de su anatomía de mujer abierta al gozo; y escuchaba la voz de su acompañante interrumpida por los gemidos, halagando cada curva, cada pliegue y cada movimiento de sus pezones turgentes... Y provocando que vibrara con una intensidad inusitada y de una manera exclusiva que sólo él era capaz de conseguir. “Te quiero solo para mí, eres mía, mía siempre...”, musitaba el joven, y ella se estremecía al escuchar aquellas palabras pletóricas de sensualidad, sabiendo-aunque sin querer pensarlo- que la pasión que ambos sentían era insostenible, y que aquel amor sucumbiría por el peso irremediable de quince años de diferencia...
     Como si las hadas jugaran con ambas amigas haciendo que sintieran lo mismo al mismo tiempo, Wynie gozaba con el profesor de Matemáticas entre las sábanas suaves de su ancha cama. Agasajada por el placer de sus embestidas en lo más profundo de su cuerpo, contemplaba la inmensa estampa del miembro erecto entrando y saliendo de su interior. El intenso disfrute la incitaba a pensar, de la misma forma que le ocurría a Olivia, que esa polla estaba hecha a su medida y se adaptaba a cada uno de los músculos de sus profundidades en una simbiosis perfecta. Pero, cuando se elevaba al éxtasis excelso, una silueta en forma de cuchillo afilado surgía del lado oscuro de sus pensamientos más recónditos y la apartaba del paraíso. Sombra maliciosa que le insistía en que solo era sexo, que no se confundiera, que el amor era otra cosa y que ella estaba condenada a no sentirlo. Que, como le aseguraba su amiga Emi Abbott con la constancia de la noche que sucede al día, el profesor de Matemáticas no la quería y tampoco ella podía quererlo. Porque los hombres como él tienen bastante con quererse a sí mismos y no pueden soportar la carga de más amor; y las mujeres como ella son incapaces de conformarse con lo cercano y lo posible porque el ansia que las envuelve las arrastra a desear siempre lo lejano e inalcanzable. Era en esos momentos cuando Wynie Smith, su cuerpo envuelto del sudor de la pasión, pensaba en su ex marido, en Ése y en todos los hombres que la habían estrechado entre sus brazos... Entonces, un escalofrío cruzaba su cuerpo de arriba a abajo. Ahogada por la sensación de que su respiración se paraba, se estremecía...
                                                                                                                      RoCastrillo

HAZAÑAS CONTADAS DE MUJER A MUJER

     
     LA JUGOSA CONVERSACIÓN TELEFÓNICA DE OLIVIA N. Y WYNIE SMITH
   Minutos después de que el elegante se marchara de su cama y de su casa, Olivia N. telefoneó a Wynie Smith.
    -Acaba de irse y no dejo de pensar en él. Siento mariposas en el estómago y chiribitas por ahí abajo..., confesó a su amiga.
   -Pues mal asunto, reina. ¿Quieres decirme que estás a punto de enamorarte? O peor aún. ¿Te has enamorado ya? Vamos, Olivia, que eso no puede pasarnos a mujeres como nosotras.
   -Pasa cuando tiene que pasar. A mi y a cualquiera. Incluso a ti. ¿O qué te crees, que estás hecha de una materia especial, Wynie?
   -No estábamos hablando de mi, sino de ti, Olivia. No puedes enamorarte de el elegante. Tiene novia y además, está a punto de convertirse en socio de tu ex. Date una ducha y bórralo de tu cuerpo, de tu mente y de tu vida. No te compliques más la existencia ni cargues con problemas distintos a los que ya acarreas. No puedo creerme que el elegante te ponga más que el de 28.
   -No, más no. El de 28 es único. Su polla está hecha a mi medida, ya te lo he dicho.
   -Ja, ja. Me alegro. Ese chico me gusta para ti.
   -Sí, pero nuestra amiga Emi me estropeó la historia. Ya lo sabes.
   -A mi me hizo algo parecido con el profe. También lo sabes tú, indicó Wynie.
                                                       
    -Por supuesto. Y hablando de todo un poco. ¿Qué tal con el rubio? ¿Sigue aún en tu casa?
    -Sí. Está durmiendo.
    -¿Y cómo se lo ha hecho? ¿Ha ido bien? No me has contado nada.
    -Todavía no me has dejado, darling.
    -Pues venga. Desembucha, le pidió Olivia.
    -Es encantador, divertido y muy simpático, afirmó Wynie.
    -No me refería a su forma de ser, sino a sus artes amatorias, especificó.
    -Es joven y está un poco verde. Con la lengua no es muy experto, por citar una cuestión que para mi es importante.
    -Ya lo sé. Y la polla, ¿cómo la tiene?, inquirió Olivia.
    -Grande pero rara. No es un amante diez, si es eso lo que quieres saber.
    -No lo he captado bien. Tendrás que explicarme qué quiere decir grande pero rara.
    -Lo que has escuchado. No se trata de un asunto de ciencia infusa. Veamos: el significado de grande está claro. Y rara, en este caso concreto, se refiere a torcida o ladeada, aclaró Wynie al tiempo que Olivia, al otro lado del aparato, escuchaba una sonora carcajada.
    -¡Ja, ja! Ahora sí. A mi me ocurrió una vez algo parecido. Me fui con un tipo que tenía la polla torcida, lo cual implicaba que él sentía el placer en posturas distintas a las que necesitaba yo.
    -Entonces, sabes de lo que te hablo, ¿verdad? Las diversas maneras en las que el rubio me ha penetrado esta madrugada no me han resultado completamente satisfactorias. Y unido a que con la lengua no anda muy ducho, digamos que...
    -No piensas repetir con él. Te conozco y no te gusta perder el tiempo, puntualizó Olivia.
     En ese momento sonó su móvil.
    -Wynie, Wynie! Luego te vuelvo a llamar, ¿vale? Es él, el de 28, informó a su amiga en tono eufórico antes de colgar.
    Wynie pasó el resto del sábado encamada con el rubio. Aunque no se trataba de un amante 10, le caía muy bien y se sentía a gusto a su lado. Eran más de las 8 de la tarde cuando el chico se despidió. Empezaba a las 9 su turno de trabajo como crupier en el Gran Casino de Madrid. Olivia volvió a llamarla, excitadísima porque había quedado esa misma noche a cenar con el de 28. También habló con Emi y Katty, que no pensaban salir. Ella tampoco había planeado hacerlo. Se dispuso a cambiar las sábanas de la cama y a recoger la casa antes de entregarse a la lectura o al sueño. El sonido del teléfono interrumpió su quehacer. Descolgó el aparato y escuchó la voz del profesor de Matemáticas al otro lado del hilo...
                                                                                                                      RoCastrillo

lunes, 26 de noviembre de 2012

DESAYUNO AFRODISÍACO

     WYNIE SMITH, SU AMANTE Y EL FULGOR DE LA CANELA
 Antes de que Emi Abbot estropeara la relación entre ellos, Wynie Simith y su amante el profesor de Matemáticas pasaban muchos fines de semana juntos en casa de ella. Un domingo, Wynie se despertó hambrienta después de una noche muy activa. El hombre, que ya estaba despierto y se manejaba en aquella casa como en la suya propia, se ofreció a preparar el desayuno y llevárselo a la cama. Lo que Wynie no sabía es que la bandeja rebosante de tostadas y con olor a canela iba a dejarla aún más cansada de lo que ya estaba. La canela, según le contó después su instruido compañero, es un potente afrodisíaco cuyos efectos se incrementan si se mezcla con azúcar y aceite de oliva. Os ofrezco hoy la receta de las exquisitas y -por qué no decirlo- afrodisíacas tostadas.

 
      INGREDIENTES PARA DOS PERSONAS:
      Ocho o diez rebanadas de pan, aceite de oliva, azúcar y canela.

     ELABORACIÓN:
   Tostar el pan hasta que se quede dorado y extender las rebanadas en un plato. Poner el aceite de oliva en una aceitera y echarlo sobre las tostadas hasta que queden cubiertas, sin que se empapen. A continuación, espolvorear primero con azúcar y después con canela. Estas tostadas pueden tomarse acompañadas de café o té. Aconsejo un té verde o de frutas del bosque, cuyo sabor resulta exquisito al mezclarlo con el de la canela. 
   
    MI RECOMENDACIÓN:
   Cuando os hayais hartado de comer tostadas, haced lo mismo que Wynie y el profesor de Matemáticas: practicar el sexo. Primero, sobre las sillas donde estábais desayunando. Seguid en el sofá, que la canela os dará energía para utilizar diversas posturas. Y si aún os quedan fuerzas, que será lo más probable, continuad en la cama. 

    ¡FELIZ DESAYUNO!

domingo, 25 de noviembre de 2012

Y LA LUNA ADORNÓ DE REFLEJOS PLATEADOS SUS CUERPOS DESNUDOS

      ...Se amaron con la energía de la adolescencia, la intensidad de lo efímero y la ilusión de lo nuevo...
    Darío Palacios, ex atleta de la selección nacional cubana exiliado en Miami y metido a relaciones públicas, llegó diez minutos tarde a la cita que tenía con Emi Abbott en el aeropuerto de Nasau, capital de las Bahamas. No se conocían. Ella viajaba en calidad de directora de una revista de moda, invitada por la organización de un desfile de diseños tropicales en el que participaban varios países de la zona. Cuando vio acercarse a aquel Adonis de ébano luciendo un elegante traje de chaqueta blanco y una sonrisa ancha dibujada en sus labios carnosos, el sudor provocado por el calor del lugar y los nervios de la espera se congeló en su semblante. Embelesada en la belleza escultural del recién llegado, fue incapaz de articular palabra alguna. Él la saludó con un beso apretado en su mejilla derecha, cogió su equipaje con una mano y agarró con la otra una de las suyas. Así, en silencio y agasajándose con sonrisas y miradas mutuas, atravesaron el corto tramo que los separaba del vehículo todo terreno aparcado en la terminal de llegadas. Emi no apartó la mirada del rostro de su acompañante durante el trayecto que recorrieron hasta llegar al hotel. Nunca había tenido una aventura con un hombre de color, pero las mariposas que revoloteaban entre su estómago y las partes más íntimas de su cuerpo le indicaron que estaba a punto de comenzar la primera.
     La pasión desbordada que surgió entre el ex atleta y la periodista empezó a fraguarse en el almuerzo de bienvenida que ofreció la organización a los informadores invitados al evento. Atento y solícito, el cubano derrochó sus mejores artes de galán y no se separó de Emi en ningún momento. En las playas turquesas de Nasáu, la tarde los envolvió con su brisa salada y su tinte encarnado, y el mar los abrazó en la calma de sus aguas cristalinas. La noche acompañó sus primeros besos a bordo del típico carruaje que les brindaba un romántico paseo a la luz de la luna. Y la luna adornó de reflejos plateados sus cuerpos desnudos en la terraza de una lujosa habitación de hotel...
    En los brazos de aquel monumento de chocolate, Emi Abbott se olvidó de que en su vida había existido un polaco que la adiestró en el arte de amar; un pintor con el que había iniciado una relación prometedora LOS NUEVOS MUNDOS DE EMI ABBOTT o unas hijas que la esperaban a miles de kilómetros. Se olvidó, incluso, de que el mundo seguía girando con sus grandezas y sus miserias, sus dichas y sus pesares. Bajo el sol suave de las Bahamas, en las aguas transparentes de sus playas o sobre el manto interminable de arena blanca se amaron con la energía de la adolescencia; la intensidad de lo efímero y la ilusión de lo nuevo. Y así, explorando el polígono del deseo en todas sus aristas, transcurrieron los cuatro días más hermosos que pudo abarcar la memoria de Emi...
   En el interior del avión que la llevaba de vuelta a Madrid, acomodada en su asiento de primera clase, los ojos entreabiertos y la mente viajando entre el sueño y la vigilia, Emi se recreaba en el recuerdo del cuerpo perfecto que la había poseído unas horas atrás; en el sabor dulzón de la piel morena que recorriera por completo con sus labios; en los brazos fuertes que manejaban su cuerpo para colocarlo en una diversidad interminable de posturas amatorias; en la belleza armónica de la herramienta oscura dibujando un ángulo recto con un torso que parecía esculpido por el más genial de los artistas; y en la intensidad de las sensaciones que recorrían los vericuetos de su ser en cada embestida... Abría los ojos, miraba al resto de los pasajeros dormitando en sus asientos, volvía a cerrarlos y pulsaba otra vez el play de su cerebro para volver a recrearse en la película de la aventura pasional más hermosa que pudiera contar mujer alguna. Sentía un torrente de aguas cálidas recorriendo su interior y sonreía...                                                                           

lunes, 9 de julio de 2012

LA INTRUSA

    La tumbó en el suelo, recorrió su vientre con la lengua y...
    El de 28 se despidió de Olivia sin darse cuenta de que había dejado abierta su sesión del Facebook en el ordenador portátil que reposaba sobre la mesa del salón. Cuando ella se percató del descuido cayó en la tentación de inmiscuirse en el terreno privado del hombre que amaba y comprobó que no era la única mujer que ocupaba su corazón. Según pudo constatar en los mensajes del chat, había conocido en una estación de cercanías a una dama argentina casada con un acaudalado hombre de negocios, que residía con su marido en Canarias y viajaba de vez en cuando a la capital para emprender nuevas aventuras que aliviaran la rutina de su vida conyugal. Olivia, el ansia del amor imposible
                                     
      La argentina lo había convertido en su amante y lo citaba en el mismo hotel discreto y elegante que usaba como hogar durante las temporadas en que pernoctaba en la ciudad. Y cuando no estaban juntos sostenían conversaciones ardientes y disfrutaban del sexo vía digital. Ofuscada, Olivia leyó perlas como las que siguen:
-Argentina: Dame tu pistola que le voy a sacar brillo.
-El de 28: Toda para ti, argentinita de mi vida. Cómetela entera.
-Argentina: Qué rica. Te la voy a dejar más afilada que un lápiz.
-El de 28: Sácate las tetas, que te las chupo enteras.
    Una lista de mensajes similares ocupaba varias pantallas, pero Olivia no quiso seguir leyendo. Apagó el ordenador y se disponía a salir de casa cuando llamaron al timbre. Era El de 28, que había reparado en el despiste y se inventó una excusa para volver, con el propósito ineludible de cerrar su página de Facebook. Ella lo recibió sin poder evitar que la ira enrojeciera sus mejillas y una mirada mezcla de asco y desprecio inundara sus ojos negros. Retiró su cara cuando él fue a besarla y le preguntó con desdén:
-¿Se puede saber qué quieres ahora?
-¿Por qué estás tan borde y te alejas cuando voy a besarte?
-Que te bese tu argentinita y te saque todo el brillo que necesites. Adiós.
-No te enfades, Olivia, te lo ruego. Ha sido una torpeza dejar eso abierto... Solo te quiero a ti, te lo juro.
-Déjame en paz. Vete y olvídame, que yo intentaré hacer lo mismo. Sacarte de mi vida, eso es lo único que quiero, ¿te enteras?
    El de 28 no se enteró. Más bien al contrario: se abalanzó hacia ella, la estrechó entre sus brazos y la besó con esa pasión que lo hacía único. Olivia no fue capaz de resistirse a sus caricias y permitió que le desabrochara la camisa, le quitara el sujetador y lamiera sus pezones prominentes. La tumbó en el suelo, recorrió su vientre con la lengua y paseó los labios por toda la superficie de su acuosa intimidad. Abrió sus piernas y la penetró con fuerza mientras le pedía que le dijera que no había en su vida nadie que la hiciera gozar como él. Ella enmudeció, cerró los ojos y se dejó llevar por la potencia turbadora del deseo irresistible. Cada poro de su piel palpitaba al sentir los besos profundos de sus labios carnosos, el juego de caricias que dibujaban las manos grandes en sus muslos prietos y el calor que desprendía la antorcha ardiente del amor balanceándose en su interior.
    El ruido de la puerta de su casa al cerrarse rompió el encantamiento. Olivia sintió que estaba volando y aterrizaba en el suelo de madera justo cuando El de 28 la besaba con ternura y salía de la estancia y de la casa.
    Aún temblando, se levantó, se dirigió a la cocina y bebió un gran vaso de agua. Suspiró hondo y se miró al espejo. En voz alta, se prometió a sí misma no volver a sufrir por él. Recordó las palabras de su amiga Wynie “otro vendrá que su hueco ocupará” y se recreó en el pensamiento de que esa opción fuera posible. Se tumbó en el sofá y se quedó dormida, ignorante de que ese otro iba a llegar a su vida mucho antes de lo que hubiera podido soñar...

miércoles, 4 de julio de 2012

GENEROSA AMAZONA

   La cabalgada de la amazona. El gozo...
   Después de una copiosa comida en un restaurante del centro de la capital, Wynie Smith y El Tuitero paseaban bajo el sol en dirección al apartamento de ella, en el Madrid de los Austrias. De repente, Wynie se detuvo en el escaparate de una heladería italiana y se quedó maravillada por el género que se divisaba tras las puertas de cristal. Sugirió a su amigo que entraran a tomarse un helado y él, solícito, abrió la puerta del establecimiento y la invitó a pasar con una dicharachera sonrisa.
    Mientras se decidía entre los diversos tipos de helados expuestos, miraba de soslayo a los dos guapísimos camareros, un veinteañero de labios rojos y ojos gatunos, y otro unos diez años mayor que se parecía a Mel Gibson en sus mejores tiempos.
     “No sé quién es más guapo de los dos, pero entre ellos y el calor que traía de la calle me estoy poniendo a cien”, pensaba Wynie para sus adentros al tiempo que levantaba la cabeza para pedir un panna cotta (de nata y caramelo) y sus ojos se chocaban con el océano turquesa que dibujaban los del veinteañero.
    -¡Qué guapo eres. Si te sigo mirando me voy a desmayar!, le espetó sonriente y en tono descarado.
    -No es para tanto, mujer. De todas formas, muchas gracias, contestó el joven devolviéndole la sonrisa.
    Entre bromas relacionadas con la belleza y el calor, que implicaron a Mel Gibson y a El Tuitero, este último se decidió por un cucurucho de helado de chocolate cremoso. Tras el primer lametón soltó un sugerente “¡oh, es orgásmico!” y le pidió a Wynie que lo probara. Ella, emulando a Meg Ryan en la película “Cuando Harry encontró a Sally”, chupó lentamente el sabroso chocolate y empezó a simular un orgasmo con gestos y gemidos ante las risas de su amigo, los camareros y gran parte del público presente...
    La temperatura de Wynie y El Tuitero era bastante alta cuando entraron en la vivienda. Nada más cerrar la puerta empezaron a quitarse la ropa entre besos largos y profundos que los llevaron a revolcarse en la ancha cama momentos después. Seguían besándose, ella colocada encima de él, que acariciaba con sus dedos los pezones turgentes. Al sentir el falo erecto entre sus piernas, Wynie lo introdujo en su interior resbaladizo y cabalgó cual amazona, primero lentamente para seguir a galope tendido. La excitación del hombre crecía en cada una de las cabalgadas de la incansable amazona, que se excitaba y galopaba aún más fuerte al mirar el rostro extasiado de su compañero, una imagen gráfica del placer con una claridad pocas veces contemplada...
    Sirvan estos breves titulares para definir el momento tal como me lo describió mi amiga Wynie.
Calor. Una cama ancha. Un hombre. Una mujer encima. La cabalgada de la amazona. El gozo. La llegada al paraíso. El sueño.

martes, 3 de julio de 2012

EL AMOR Y, DE CAMINO EL SEXO

    Su interior se humedeció entregado al placer
   Desde que Katty Lloyd se divorció por segunda vez, hace ya casi dos años, solo ha encontrado a una persona susceptible de convertirse en el amor de su vida: su amante belga. Katty, su amante belga y el abismo Un hombre casado con el que mantuvo una relación apasionada y tórrida, y al que dejó tras convencerse de que nunca abandonaría a su familia por ella. En parte por su propio carácter y también por la educación recibida, se negaba a convertirse en “la otra” y a abrirse de piernas cuando su amado pudiera escaparse y no cuando a ella se le antojase...
  Katty es consciente de que el sexo le proporciona grandes dosis de felicidad y le resulta difícil acostumbrarse a vivir sin él. No obstante, tampoco le apetece embarcarse en relaciones donde la atracción sexual prevalezca sobre los sentimientos. Busca a un hombre que la lleve cada noche al paraíso con sus caricias, que le diga “te quiero” mientras hacen el amor y que desayune a su lado en la cama; que la admire, la comprenda y la consuele en los momentos difíciles; un hombre al que entregar cada uno de los días de su vida, sean dichosos o amargos... En resumidas cuentas: un amor de verdad, generoso y duradero. En resumidas cuentas: EL AMOR. Así de rotundo, escrito con letras mayúsculas...
    Ha intentado hallarlo, sin éxito hasta el momento, en las barras de los bares, en las pistas de baile de las discotecas y en los portales de relaciones de Internet. Sabe que está en algún sitio y no pierde la esperanza de dar con él, aunque las diversas tentativas la hayan arrastrado al fracaso. Una serie de citas a ciegas desafortunadas, una amplia lista de números de teléfono a los que responden voces masculinas y algunos encuentros carnales más o menos exitosos no han servido para disipar la fuerza de su ilusión ni el empuje que la lleva a perseguir sin aliento el ideal ansiado. Así de romántica es Katty Lloyd. Convencida de que el caballero que la haga soñar tal como hiciera su padre con su madre está a la vuelta de la esquina, sigue explorando caminos que puedan conducirla hasta sus brazos, por muy abruptos que se le presenten... El Amor, Anhelo Inalcanzable
  Hace algún tiempo conoció en un portal web a un caballero de su edad, sensible, de agradable conversación, piel mulata y nacionalidad francesa. Le resultó atractivo e interesante y se citó con él en un par de ocasiones. A la tercera le aceptó una invitación a cena seguida de masaje en la intimidad. Sabía que iban a terminar en la cama y no le importaba. De hecho, una de sus fantasías sexuales más recurrentes era encamarse con un negro y éste respondía a sus expectativas de caballero galante y solícito. Por primera vez en su vida, el azar le regalaba la oportunidad de convertir su fantasía en realidad y no quiso rechazarla.
   No tuvo la sensación de haberse equivocado cuando llegó a la vivienda y él, tras recibirla con tiernos besos en las comisuras de los labios, la condujo con cortesía a una mesa decorada con esmero, la invitó a ponerse cómoda y la incitó con el gesto a que admirara el ambiente romántico de velas y música de boleros que había preparado para ella.
    Todo iba sobre ruedas hasta que Katty vio a su anfitrión desnudo, después de la cena y el masaje con el que la había obsequiado. Lucia una prominente barriguita en la que no había reparado antes y las sábanas de su cama despedían un olor ácido y poco agradable. Tuvo ganas de salir corriendo de allí, aunque fueron muy pasajeras. El hombre la conquistó con caricias tiernas, palabras románticas y un “savoir faire” que le recordaba a su añorado amante belga. Su interior se humedeció entregado al placer que le prodigaban las grandes manos morenas y su cuerpo entero vibró en una penetración henchida de sensualidad y placer.
    No quiso quedarse a dormir. Sabía que el olor de aquellas sábanas eliminaría el dulce sabor de la velada y prefirió despedirse con la socorrida escusa de “mañana madrugo y necesito descansar”. Él las sorprendió con un beso profundo y un “te quiero” que provocó el temblor de sus piernas mientras esperaba al ascensor. Durante el trayecto en taxi hacia su casa recibió dos escuetos mensajes de El Mulato. En el primero volvía a decirle “te quiero”; en el segundo, “te necesito”. Katty apagó el móvil al tiempo que lamentaba no poderle corresponder y sentía que, una vez más, tampoco éste era el hombre que andaba buscando...