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Un blog de relatos eróticos y cocina con solera. Los relatos narran las aventuras de cuatro mujeres divorciadas y sus conversaciones sobre sexo y hombres. Las recetas se elaboran siguiendo viejos cuadernos de cocina, escritos a principios del siglo XX


miércoles, 23 de mayo de 2012

Hombres que dejan huella

 ...El recuerdo de algunos se queda durante un tiempo llamando a las puertas del corazón...
    Desde que se reencontró con El de 28 EL REENCUENTRO DE OLIVIA Y EL DE 28, Olivia N. se pasa el día con el portátil encendido, mirando las lucecitas verdes que van marcándose en las ventanas del chat de su Facebook. Quiere controlar si él se conecta, y estar pendiente por si acaso le dice algo. Tarde o temprano, la espera trae premio. Con una sonrisa de satisfacción dibujada en su semblante, lee en la pantalla el siguiente mensaje: “No dejo de pensar en ti, morena de mi vida”. Embargada por la emoción, agarra el teléfono, llama a su amiga Wynie y le recita la frase textual, remarcando las dos últimas palabras.
-Los hombres, por regla general, son unos descarados, le suelta ésta en tono rotundo. Ya me dirás a qué viene eso de llamarte mi vida, si hace pocos días te dijo que tenía novia.
-Lo sé. Pero no puedes imaginarte de qué forma me estuvo amando, pese a dicha circunstancia.
-No entiendo a El de 28 ni casi a ningún hombre. Que yo recuerde, te dejó cuando le pediste que dejara de verte como un ligue ocasional para pasar a algo más serio, ¿o no?
Olivia asintió y Wynie continuó hablando.
-Su reacción fue desaparecer de tu vida de repente. Y ahora, un año después, cuando ya lo tenías prácticamente olvidado, vuelve; se revuelca contigo en la cama, te regala una noche de pasión y por la mañana te dice que tiene novia. Me parece fatal. ¿No te das cuenta de que está jugando con tus sentimientos? Mándalo al carajo, mujer.
-Así de fácil, ¿verdad? Eso podrías hacerlo tú, que no te enamoras. Algún día me contarás la fórmula mágica... ¿Cómo te lo montas para que los hombres pasen por tu cama y por tu vida sin dejar huella?
-Estás confundida, Olivia.  No hay ninguna fórmula, y mucho menos mágica. Se trata, simplemente, de estar absolutamente convencida de no querer compartir tu vida con nadie, como lo estoy yo. Y actuar a partir de ese convencimiento. Conoces a un hombre y, si te gusta físicamente y te cae bien, te lo llevas a la cama, ¿por qué no? Es cierto que muchos pasan sin pena ni gloria, pero no todos. El recuerdo de algunos se queda durante un tiempo llamando a las puertas de tu corazón, por muy cerradas que las tengas...
-Por ejemplo. La primera noche que compartimos fue tan especial que se repitió. Y hay una cosa que está clara, Olivia. Cuando ocurre algo así, es mutuo. Luego cada uno tiene su vida y él estaba casado. Sabes que lo sentí mucho porque me hacía muy feliz, en la cama y fuera de ella. Por supuesto que me hubiera gustado mantener una relación más profunda con él y disfrutar a su lado de mi tiempo de ocio... Era tan divertido y me hacía reír tanto... No pudo ser y nada más. A otra cosa. Es lo que te recomendaría que hicieras tú con El de 28.
                                        
-Me gustaría, pero no dejo de pensar en él. Ni de soñar con sus besos y sus caricias...
-¡Venga ya! Ni que fueras Emi con El Polaco. FOGOSA DESPEDIDA  Desde que llegó a su vida no ha sentido nada por ningún otro hombre, aunque después haya estado con unos cuantos más. No creo que sea tu caso.
-Tampoco yo lo pensaba, y ahora me doy cuenta de que como él, ninguno.
-Jajaja!!! Hasta que llegue el bueno. Que llegará, no te preocupes. Siempre has tenido claro que no merecía la pena luchar por una relación más o menos estable con un chico tan joven...
-Y lo sigo teniendo. De hecho, es así. Ahora lo que hace falta es encontrar a uno que me guste tanto como para sustituirlo, como te ha ocurrido a ti con El Tuitero... UN GALÁN DE SANGRE AZUL
-Eso lo dices tú. No creo que se trate de sustituir, sino de dejarse llevar. El Tuitero es un amigo que también me hace reír, y eso le da muchos puntos para que me apetezca estar con él. No quiero pensar en nada más. Hace poco que lo conozco.
-Ya lo sé, pero vas a seguir viéndolo, aunque no sea tan bueno en la cama como Ése. Mi problema es que para sustituir a El de 28 tendría que encontrar a un hombre que fuera tan buen amante, o mejor, que él. No me basta con que me haga reír.
-Y el día que lo encuentres tendrá otro problema: estará casado, o se marchará a vivir a otra ciudad, como te ocurrió con El Cubano y como suele pasaros a todas. No encontraremos al hombre perfecto porque no existe. Y hasta que llegue uno que más o menos te cuadre, a picar de flor en flor y a seguir viviendo... No te enamores, Olivia, que no te pega nada. Tú y yo somos espíritus libres.
-Por supuesto. Mucho más que Emi y Katty...
En ese punto de la conversación se despidieron. Precisamente, habían convocado en breve una reunión de amigas para hablar de eso, de los hombres que dejan huella. De la que por supuesto, queridos lectores, os mantendré puntualmente informados... 

Katty, su amante belga y el abismo

    Entre ella y su amante, el destino solo dibujó lágrimas desconsoladas y el abismo...
    Después de un año de citas clandestinas en hoteles de la ciudad, Katty había caído en las redes de su amante belga, Pensaba en él constantemente, hablaba de él a sus amigas y, lo que es peor: cuando salía de marcha nocturna no ligaba porque tenía al belga ocupando su cabeza y cada uno de los poros de su blanca piel. En resumidas cuentas: se había enamorado de un hombre casado que nunca sería del todo suyo. Aunque él le advirtió desde el primer momento que no iba a dejar a su familia por nadie, Katty albergaba la secreta esperanza de que la intensidad de aquellos fogosos encuentros consiguiera hacerlo cambiar de parecer. Sin embargo, lo único que obtuvo de él fue la promesa de que la llamaría cada vez que pasara por Madrid.
                                           
    Al principio no estaba muy convencida de querer convertirse en “la otra”, y dar placer a un hombre que también lo encontraba con su legítima en el lecho conyugal. Pero, como le repetía insistentemente su amiga Emi Abbott, renunciar al placer es muy difícil y ella, en efecto, no tenía fuerzas para hacerlo. Así que cada vez que el belga le ponía un SMS anunciándole que llegaba a la ciudad, corría a refugiarse en sus brazos y a deleitarse en la fogosidad de su musculada anatomía. De nada sirvieron las largas conversaciones con sus íntimas, ni las recomendaciones de Wynie y de Olivia en el sentido de que los mandatos del corazón y los sentimientos pueden doblegarse: “piensa en el belga como en un objeto de deseo, disfruta de él cuando venga y olvida que existe en el momento en que coja la puerta. Haz con él lo mismo que él contigo, porque de lo contrario sufrirás mucho”, le repetían hasta la saciedad.
    Puede que muchas mujeres conozcan la manera de manejar los asuntos del corazón para que no les hagan daño, pero Katty no estaba entre ellas. Durante toda su infancia y adolescencia fue testigo de la convivencia en una familia idílica, con unos padres que se amaban con locura, y había comprobado que la llama de ese amor no se apagaba con el paso del tiempo ni flaqueaba con los problemas del acontecer diario. Ella, que anhelaba exactamente eso para sí misma, no lo consiguió con quien creyó el hombre de su vida, el padre de su hijo. Tras muchos años de sinsabores y una ruptura amarga, decidió afrontar el fracaso y seguir luchando por el sueño de encontrar al hombre ideal, pese a las repetitivas advertencias de Emi, Wynie y Olivia, reafirmándose en el convencimiento de que ese hombre no existe.
     Katty meditó durante muchos días sobre la cuestión de si sería capaz de aceptar las invitaciones del belga de pasar con él las noches que estuviera en Madrid, y olvidar luego que existía para seguir buscando al bueno, al hombre de verdad que la amara como su padre amó a su madre. Y cuando decidió que sí, que merecía la pena intentarlo, la oferta ya no estaba en pie aunque ella no lo sabía. Ni siquiera fue consciente de que el adiós se estaba cuajando durante ese “finde muy abierto” que pasaron las amigas. UN FINDE MUY ABIERTO (I)  De hecho, El Belga se despidió hasta dentro de quince días y ella los dejó transcurrir con el recuerdo emocionado de las horas, los minutos y los segundos compartidos. El calendario siguió moviéndose durante quince días y, llegado el momento, no hubo SMS ni llamadas, ni razones para pensar que El Belga continuaría existiendo en su vida. Entre ella y su amante, el destino solo dibujó lágrimas desconsoladas y el abismo...
     Lloró tanto y lo consideró todo tan perdido que el día en que calculó que El Belga -según el plan que él mismo le había comunicado- estaría ya en Madrid, no pudo reprimirse. Lo llamó varias veces desde su móvil, le puso un SMS y un mensaje de voz y no obtuvo respuesta. El desconsuelo la refugió en los brazos de su amiga Wynie y ésta, muy resuelta, se propuso averiguar lo que estaba pasando.
-Lo primero que tenemos que descubrir -le dijo- es si le ha ocurrido algo o si no te coge el teléfono porque no le sale de los mismísimos, aunque me temo que se trata de esto último.
-Ya. Tú como siempre, pensando bien, lamentó Katty. ¿Mira que si ha tenido un accidente?
-Ja, ja. Qué ingenua eres, darling. Te he dicho mil veces que la única forma de acertar con los hombres es pensando mal de ellos. Él no conoce mi número, así que ya sabes. Coge mi teléfono y llámalo. Verás cómo contesta.
    Wynie no se equivocó, y Katty escuchó la voz de su amado al otro lado del aparato. Típicas y lacónicas palabras que la arrastraron a una sobredosis de amarga realidad: “lo siento, no puedo volver a verte. Ya sabes, tú me gustas mucho pero tengo una familia, no puedo dejar a mi mujer y a mis hijos, blabla, blabla, blablabla...
    Un fuerte abrazo de Wynie se interpuso entre Katty y el abismo. “Mejor así, ese hombre no te convenía, ya te lo advertimos. Ponte ahora mismo a hacer los deberes del olvido y no vuelvas acercarte a un tipo casado. Cuando se quitan el anillo y se echan a las calles no se merecen ni que los miremos a la cara”, indicó a su amiga con la tranquilidad y la parsimonia típicas de quién tiene las cosas muy claras. Ignorando que el destino estaba a punto de jugarle -también a ella- una mala pasada.
                                                                       

martes, 22 de mayo de 2012

El Reencuentro de Olivia N. y El de 28

      ...Abrasados por el fuego de una pasión que crecía y crecía...
    Una mañana, Olivia N. paseaba por su barrio acompañada de su hermana y de su hijo y se topó de bruces con El de 28. EL LADO OSCURO DEL DESEO Él bajó la cabeza y no la saludó. A ella se le subió el corazón a la garganta y enmudeció. “¡Qué cabrón, ni te saluda”, balbuceó su hermana. Siguieron a lo suyo y Olivia, mujer práctica, optó por olvidarse del asunto. 
    Esa misma tarde, El de 28 marcó el número fijo de su casa. Olivia cogió el aparato y se quedó lívida al escuchar su voz.
-¿Que quieres?, preguntó de sopetón, sacando un tono grave que ni siquiera reconocía como suyo.
-Quererte, contestó el, mimoso.
-No me tomes el pelo ni pretendas confundirme. Acabas de cruzarte conmigo en la calle y no te has dignado ni a saludarme.
-Perdona, cariño. Me puse muy nervioso y no supe reaccionar. Lo siento mucho, de verdad. Me he mudado a tu barrio, Olivia. Me resulta muy duro pasear por estas calles, saber que estás cerca y no poder verte. E incluso tropezarme contigo, ser incapaz de hablarte y no poder comerte a besos. Quiero verte ahora mismo, expresó decidido.
-Lo siento. Hoy no puede ser. Mi hermana y mi hijo están en casa. Tendrás que esperar dos días más.
-Por ti, lo que quieras, le indicó en el mismo tono mimoso y halagador.
    Olivia fijó una cita. El día y a la hora indicada, El de 28 llamó al timbre de su casa. Nada más cerrar la puerta y quedarse en la intimidad de la vivienda, sus cuerpos se solaparon en un abrazo largo y fuerte. Sus lenguas enredadas se sumergían en el goce de sabores anhelados y sus manos se esforzaban en liberar a los cuerpos de las ropas. El de 28, al reconocer la humedad de aquel bosque tantas veces explorado, empotró a Olivia en el sofá y la penetró con vigor, ella boca abajo y él encima. La mujer oía el susurro de palabras ininteligibles que acariciaban el lóbulo de su oreja mientras se entregaba de lleno al placer que le producía el falo del hombre que había amado tanto, entrando y saliendo de su interior. Sentía que estaba hecho a su exacta medida y que lo deseaba con tal ahínco que no podía conformarse con verlo solo de vez en cuando. De él quería todo o nada. Fue entonces cuando prestó atención a sus palabras y escuchó un clásico “eres mía, Olivia, te quiero solo para mi”, que provocó que su cuerpo se estremeciera aún más...

                
   Las horas pasaron sin que ellos dejaran de amarse, abrasados por el fuego de una atracción que crecía y crecía. Entregados al placer sin pensar en nada. Sin beber, sin comer y sin hablar. El sonido de sus gemidos, el latido de sus corazones y el fluido de sus cuerpos los acompañaron en aquel tiempo de dicha que, como todo lo bueno, finalizó cuando el cansancio físico de ambos hizo que pararan... Después tomaron una ducha templada juntos y se acomodaron abrazados en el sofá.
-Soy muy feliz a tu lado, Olivia. No entiendo cómo he podido pasar tanto tiempo sin llamarte. Y tú, ¿te has acordado de mi?
-¿Tú qué crees?, le devolvió ella la pregunta, su mirada oscura fina en los ojos pardos de él.
       El de 28 asintió y Olivia siguió hablando.
-Estaba muy enamorada de ti y me dejaste de un día para otro. Así, sin más. Ni una simple llamada, ni una palabra. Desapareciste de mi vida como llegaste: cual rayo que me abrazó intensamente y se desvaneció con la misma intensidad, relataba despacio y en tono cadencioso, casi de lamento.
-Ya lo sé y lo siento mucho. No estaba en condiciones de ofrecerte lo que tú querías.
-Y ahora, ¿lo estás?
-No, negó con la cabeza. Tengo novia. Pero tú eres tú -aclaró ante el gesto torcido de ella- y sigues en mis pensamientos y en mi corazón. Siempre habrá en mi un hueco para ti, le dijo al tiempo que su mirada se clavaba en los generosos pechos femeninos.
      Lejos de sucumbir a los halagos, Olivia arremetió con furia. Se levantó del sofá y, con el tono subido y las manos en jarra, expresó sus pensamientos:
-Si estás pensando que vas a seguir con tu novia y podrás venir a mi casa a follarme de vez en cuando, olvídalo. Es mejor que te vayas, le pidió fríamente.
       El de 28 le selló los labios a besos. La abrazó con fuerza, acarició su larga melena y se despidió poco después. Olivia volvió a la cama y se durmió. Entre el sueño y la vigilia, pensaba si lo que acababa de vivir formaba parte del mundo real o del onírico...

Un Finde muy Abierto (II)


       Olivia y Wynie, las triunfadoras de El Maligno 

      El Maligno es una amplia vivienda del centro de Madrid convertida en club nocturno privado. Centro de reunión de actores, famosos de diverso pelaje y noctámbulos de pro, abre sus puertas al filo de las tres de la madrugada, y no cualquiera puede cruzarlas. Para entrar al El Maligno es necesario tener el número de teléfono móvil de M., su dueño, y avisarlo previamente. Solo la gente a la que él da el visto bueno es bienvenida. Emi, Wynie, Olivia y Katty, clientas asiduas, lo son siempre.
     El Maligno tiene una barra a la entrada y los baños a la izquierda. Cruzando un pasillo que sale de la barra se llega a dos habitaciones, la azul y la roja, situadas una en frente de la otra. Al fondo, el salón de baile y la cabina del Dj. Aquella noche, nada más entrar, Emi y Wynie notaron cómo Olivia se ponía nerviosa y roja mientras su vista se perdía al fondo del pasillo, donde un cuerpo de espaldas sobresalía, por su altura, del resto de los presentes.
    -¡El holandés! ¡Está ahí el holandés!, exclamó excitada.
   -¿Qué holandés? ¿Ese que tuviste?, preguntaba Wynie. ¿Con el que te liaste cuando aún estabas casada?, insistía Emi.
   -Sí, el mismo. Está de espaldas, pero es él. Lo conocería en cualquier postura, afirmó con una sonrisa pícara en sus labios...
   Tras decir eso, Olivia se acercó hasta el final del pasillo y abrazó al extranjero por la espalda. Él se volvió, como si estuviera esperándola y el encuentro no le produjera sorpresa alguna. Recorrió en silencio su rostro con sus labios, mordisqueó el lóbulo de su oreja derecha y paseó la punta de su lengua por toda la extensión del cuello que saboreaba aterciopelado, hasta detenerse en la boca. Olivia introdujo la lengua en su interior y el mundo se paró para ellos durante el beso interminable que se regalaron.
    
    En ese tiempo, Emi pedía una copa en la barra mientras Wynie se dejaba halagar por los piropos de un tipo que ya le había buscado las vueltas en una ocasión anterior, aunque a ella no le ponía. Sin embargo, le siguió el cuento un rato con una intención oculta: había fichado a uno de sus amigos, y ése sí que le gustaba. Incluso notaba la mirada del hombre parada en el canal de sus pechos... Así que cuando su acompañante le tiró los tejos descaradamente, Wynie no se quedó atrás y le lanzó un “lo siento, tú no me gustas; a quién deseo es a tu amigo. Preséntamelo”, le pidió. Todo transcurrió muy rápido -very easy diría ella-, y en unos minutosestaba besándose con ése, aunque no dudó en apartarlo de su cuerpo con una sonrisa al darse cuenta de que se encontraban rodeados de gente.                                                                                         
 -No me gusta hacer estas cosas en público, le indicó.
   Ése no le contestó. La cogió de la mano y dirigió sus pasos hacia la fila de gente que esperaba para entrar en los baños.
   Acceder al baño en El Maligno es una de las mayores atracciones del local. Los clientes entran allí a meterse mano y otras cosas innombrables. Cuando les llegó su turno, Ése empezó obsequiando a Wynie con éstas últimas cosas, y seguidamente se dispuso a meterle mano. Ella insistía en lo típico de “aquí no, en tu casa o en la mía”, y salieron de la estancia al tiempo que Olivia irrumpía en la puerta pegada al holandés.
    Ellos no perdieron el tiempo en otras cosas. Iban a lo que iban. Durante todo el rato que llevaban allí el extranjero le había estado calentando la oreja y demás partes sensibles de su anatomía, al tiempo que presumía de llevar unos calzoncillos mágicos -causantes del sorpresivo encuentro de ambos-, asegurando que en el momento en que ella los tocara se vería empotrada en la pared, con un gran regalo balanceándose en el interior de su cuerpo. Antes de que esto sucediera, Olivia descubrió los famosos calzoncillos y no pudo reprimir la risa; eran muy ceñidos, como una segunda piel, y tenían un cinturón estampado de leopardo. Un felino de la misma especie dibujado en todo el delantero abría su boca y le decía a Olivia: quédate conmigo, que te voy a comer entera. Por supuesto, ella no lo dudó (menuda mujerona es) y, después del empotramiento en El Maligno terminó revolcada con su antiguo amante en el sofá de su apartamento.
    Tampoco perdieron el tiempo Wynie y Ése. Tras decidir que en casa de ella y caminar abrazados un par de calles, se deleitaron un buen rato en las tibias aguas de la bañera de la vivienda y continuaron agasajándose de placer entre las sábanas de la cama.
    Respecto a Emi, salió sola de El Maligno y tomó un taxi hasta su casa. No le importaba. En pocas horas esperaba la visita del polaco errante con su vaso de cubata.
   Y Katty, por su parte, en una habitación de hotel, exploraba las cimas de la pasiónencima de su amante belga, ajena a lo poco que faltaba para saltar de la cima hacia elabismo... 
    La tarde siguiente, Katty telefoneó a Wynie para hablarle de lo bien que estaba con el belga y, de paso, pedirle que le cantara la crónica de la noche anterior. Tras una breve conversación, espetó riendo:
   Por lo que cuentas, esta noche hemos estado todas abiertas de piernas. Menos Emi, subrayó. ¡Lo siento por ella!, lamentó con ironía
    Pues no lo sientas tanto, porque estará ahora. El Polaco y su vaso habrán llegado ya, le anunció Wynie. ¿EL TAMAÑO IMPORTA?
    Sin duda, éste ha sido, para todas, un finde muy abierto, tecleaba Olivia en el Muro de su Facebook...
                                                                                                     

Un Finde muy Abierto (I)

      El Poderío de Emi Abbott para Colarse en las Mejores Fiestas
     Emy, Wynie y Olivia, MIS AMIGAS maquilladas y dispuestas a comerse la noche, asistían a una sesión de Djs en el Matadero que organizaba el Instituto Polaco de Cultura. Las había invitado el amante polaco de Emi, aunque él no iría. Ni siquiera se encontraba en la ciudad. Tampoco las acompañaba Katty, a causa de una cita ineludible con su amante belga. “Para una vez que viene no voy a desaprovecharlo”, se disculpó ante el resto del grupo.
    Cuando llegaron al centro de creación contemporánea más cool de Madrid se dieron cuenta de que el evento al que habían sido invitadas no era el mejor de los que se celebraban allí esa noche. Confundidas, contemplaron el desfile de gente que se dirigía, tarjetones en mano, a otra sala a la que ellas, en principio, no podían acceder. A Wynie no le importaba porque ya había fichado a un polaco -tipo armario de tres puertas- que mostraba a un amigo su invitación para la sesión de Djs.
-Con ése tengo bastante, no necesito a nadie más, apuntó con gesto pícaro.
-Puedo conseguir pases para la otra fiesta, indicó Emi, dejando claro que no hay puertas cerradas para la directora de la revista de moda más vendida de España.
-Antes, sugiero que nos hagamos una foto delante de estas casas polacas, en plan Ángeles de Charlie, propuso Olivia N.

                                                   
                                                  
    Tras quedar inmortalizadas en la Black Berry de Olivia se dirigieron a la sala donde se celebraba la sesión de Djs. Aunque la música era buena, la decepción fue común. Wynie comprobó contrariada que el polaco que había fichado estaba acompañado por otra, y que esa otra no paraba de hacerle carantoñas y no lo perdía de vista ni un segundo. Olivia protestó porque la sala estaba casi vacía y Emi decidió que se marchaban de inmediato a la fiesta de al lado, insistiendo en que prometía más.
-Eres tú la que estás invitada a esta sesión, Emi. Si no te sientes comprometida a quedarte, nos vamos. Por mi parte, no tengo nada que hacer aquí, arguyó Wynie señalando con el gesto al polaco que le gustaba y se dejaba querer por otra.
-Vamos, vamos. Voy a conseguir las invitaciones para la fiesta buena a la voz de ya, aseguró Emi convencida. Seguidme, pidió a sus amigas al tiempo que se dirigía apresuradamente hacia el punto donde se solicitaban las acreditaciones. No tuvo necesidad de identificarse con su carnet de prensa. Cantó su nombre al chico que daba los tarjetones yen un instante consiguió tres invitaciones, además de las correspondientes pulseras VIP  para que pidieran gratis todas las bebidas que quisieran.
    La fiesta estuvo divertida y completita de hombres de buen ver, aunque ninguna de las tres salió de allí acompañada del maromo que le gustaba. Emi se fijó en un gigantón atractivo y barbudo, pero no sabía qué decirle y no paraba de mirarlo. Ante la pasividad intranquila de su amiga, Wynie se acercó a él.
-¿Te gustaría conocer a mi amiga Emi?, le preguntó empinándose aún más sobre sus altos tacones para poder mirarlo a los ojos.
-Claro que me gustaría, pero vengo con novia.
-Entonces déjalo. No importa.
-Tú lo has dicho, No importa. Vamos, espetó el hombre muy decidido.
     Se dirigieron a la esquina de la barra donde se encontraban Olivia y Emi. Wynie se adelantó unos pasos para anunciar a sus amigas que traía al gigante y ¡cómo no!, advertirles de lo de la novia. Seguidamente, se dispuso a presentar al recién llegado. Olivia lo agasajó con un par de besos y lo informó de que le gustaba mucho a su amiga Emi. Ésta, al escuchar tal revelación, salió corriendo y dejando al hombre con el rostro petrificado en el camino hacia sus mejillas. Se trataba de una reacción muy típica de Emi cuando la situación la sobrepasaba y Wynie lo sabía. Por tal razón, la disculpó ante El Gigantón con un breve “ella es así”        -acompañado de la sonrisa de sus labios rojos- y el hombre se despidió y se dirigió en busca de su novia.
    Olivia, por su parte, había fichado a un tipo provocador y algo chulo con el que estuvo tonteando todo el rato aunque la cosa no cuajó. Él, que estaba trabajando, le dejó su número de móvil y su e-mail para que lo localizara más tarde pero Olivia, de forma inconsciente -eso dijo, aunque la verdad solo la sabe ella- anotó únicamente esto último.
    Respecto a Wynie, estuvo coqueteando con unos y con otros durante toda la fiesta, sin que ninguno de ellos llegara a motivarla lo suficiente como para tirarse al ruedo.
    Terminó el evento del Matadero, pero no la noche. Emi, Wynie y Olivia tomaron un taxi y se dirigieron a El Maligno, un club privado del centro de la ciudad, frecuentado por actores y famoseo diverso. En El Maligno -tal como lo conocen muchos de sus clientes- las chicas buenas -y las no tan buenas- se vuelven malas. (Y las malas, peores)
    No penséis que así quedó la cosa, ni tampoco que las tres amigas se limitaron a tomarse una copa en El Maligno y marcharse a casa. La noche dio para mucho, muchísimo. En la segunda parte de “Un finde muy abierto” os contaré más cosas de El Maligno y, por supuesto, sabréis cómo terminó aquella noche.

lunes, 21 de mayo de 2012

Wynie Smith, su Amante y el Fulgor de la Canela


    Antes de que Emi Abbott estropeara la relación entre ellos, Wynie Simith y su amante El Profesor de Matemáticas pasaban muchos fines de semana juntos en casa de ella. EMI, WYNIE, OLIVIA Y KATTY Un domingo, Wynie se despertó hambrienta después de una noche muy activa. El hombre, que ya estaba despierto y se manejaba en aquella casa como en la suya propia, se ofreció a preparar el desayuno y llevárselo a la cama. Lo que Wynie no sabía es que la bandeja rebosante de tostadas y con olor a canela iba a dejarla aún más cansada de lo que ya estaba. La canela, según le contó después su instruido compañero, es un potente afrodisíaco cuyos efectos se incrementan si se mezcla con azúcar y aceite de oliva. Os ofrezco hoy la receta de las exquisitas y -por qué no decirlo- afrodisíacas tostadas.                                                                                                                                                                                                                                                                                            
                                                   
     Ingredientes para dos personas: Ocho o diez rebanadas de pan, aceite de oliva, azúcar y canela.
     Elaboración: Tostar el pan hasta que se quede dorado y extender las rebanadas en un plato. Poner el aceite de oliva en una aceitera y echarlo sobre las tostadas hasta que queden cubiertas, sin que se empapen. A continuación, espolvorear primero con azúcar y después con canela. Estas tostadas pueden tomarse acompañadas de café o té. Aconsejo un té verde o de frutas del bosque, cuyo sabor resulta exquisito al mezclarlo con el de la canela. 
    Mi recomendación: Cuando os hayáis hartado de comer tostadas, haced lo mismo que Wynie y El Profesor de Matemáticas: practicar el sexo. Primero, sobre las sillas donde estabais desayunando. Seguid en el sofá, que la canela os dará energía para utilizar diversas posturas. Y si aún os quedan fuerzas, que será lo más probable, continuad en la cama. 

    ¡FELIZ DESAYUNO!
  

Un Galán de Sangre Azul

     Olivia revela a Wynie que su amante El Galán es de sangre azul


     Esa madrugada, Wynie Smith estaba en la cama con su amigo El Tuitero cuando el sonido del teléfono la despertó. Agarró soñolienta el aparato y escuchó la voz de su amigaOlivia N. al otro lado del hilo.
-Empieza a vestirte y vente para El Maligno.
-Lo dudo mucho, le contestó Wynie. Estoy acompañada y muy a gusto, por cierto.
-Pensaba que tu amigo ya se habría marchado. ¿Es que lo has invitado a quedarse a dormir?, quiso saber Olivia.
-Sí. ¿Por qué lo dices?
-Para que lo dejes ahí y te vengas. Esta noche han llegado dos de tus mejores amantes. 
-¿Quienes?, se interesó en saber Wynie, aunque no pensara levantarse de la cama.
-El Guiri EL ARTISTA DE LA LENGUA y El Galán BUENO EN TODO. 
-No voy a moverme de mi casa, Olivia. Ni aunque hubiera llegado Brad Pitt.
-¿Y si te digo que El Galán nos ha invitado a terminar la fiesta en su casa?, insistía su amiga. Seguro que si supieras quién es saltarías de la cama en dos segundos, afirmó rotunda.
-No te hagas de rogar y suelta, inquirió Wynie.
-Si no vienes, tendrás que esperar hasta mañana.
-De acuerdo. Si te haces tanto de rogar, mejor será que me lo cuentes mañana...
        
    Discutieron unos minutos más y Wynie colgó el teléfono. Se encontraba muy relajada tras haber disfrutado de unas horas de pasión intensa junto a El Tuitero UNA SEDUCTORA LLAMADA WYNIE SMITH, que esa noche andaba muy inspirado en las artes amatorias. No tenía ni ganas de moverse ni fuerzas para hacerlo. Además, no le apetecía encontrarse con El Guiri, sabiendo que estaba en Madrid y no se había dignado a llamarla. Respecto a El Galán, debía reconocer que le gustaba mucho y que, fuera quién fuera, se trataba de un amante diez. Sin embargo, no mostró mucho interés en volverla a ver cuando se despidieron, después de haberse llevado toda la mañana haciendo el amor. Por tanto, tampoco merecía la pena que se esforzara por él. Se consideraba una mujer muy práctica y lo último que estaba dispuesta a hacer era derrochar energías buscando a un hombre. Pensó durante unos instantes en la identidad de El Galán y en lo familiar que le resultaba su cara. No lograba adivinar de quién se trataba y se quedó dormida, su cabeza recostada en el pecho de El Tuitero. “Estoy al lado de un hombre estupendo, no necesito a ningún otro”, pensaba mientras el sueño invadía su ser.
    Al día siguiente continuó disfrutando de horas de amor y de humor junto a su amigo y no volvió a acordarse de El GalánEl Tuitero se marchó al atardecer y, un rato después de quedarse sola, Olivia la visitó sorpresivamente. Se presentó en su casa aún vestida de noche, recién llegada de la velada festiva y matutina en el domicilio del susodicho.
-Te perdiste un fiestón en una casa estupenda, con una gente divina y hombres guapísimos, anunció nada más entrar en la vivienda. 
-Me alegro de que te divirtieras tanto. ¿Te tiraste a alguno?
-No, porque no quise, aunque tu galán me buscó las vueltas.
-Mío, que yo sepa, solo fue una noche. Podrías haberlo hecho si te gustaba. Tranquilamente, reiteró.
-A mi me ocurre lo mismo que a ti. No me ponen los hombres que han estado con mis amigas, por muy atractivos que sean. Y El Galán lo es. Te alabo el gusto.
-¿Vas a decirme ya de quién se trata, o no?
     Olivia soltó de un tirón el nombre y el aristocrático apellido compuesto. Wynie se quedó patidifusa. No daba crédito a lo que escuchaba y su primera reacción fue encender el portátil para buscar en Google imágenes en las que apareciera un amante al que ella misma calificara como “bueno en todo”. Minutos después contemplaba, con la boca abierta, una serie de fotografías del apuesto caballero.
-Y ahora te lo crees, ¿o no?
-Desde luego. Acabo de comprobar que me lié con un auténtico galán de sangre azul, indicó Wynie con gesto de satisfacción. ¡Lo que no me pase a mí!, sonrió vanidosa.
-Ya puedes contar que te has tirado a un aristócrata de verdad, descendiente directo y pariente muy cercano del mismísimo Rey de España, expresó Olivia en tono seguro y pausado, como si presentara a una eminencia en un congreso de investigadores. Y para colmo -espetó a su amiga- has desaprovechado la ocasión de volver a disfrutarlo,
-Jajaja, rió Wynie. No te pongas tan trascendente, Olivia. Me resulta muy divertido saber que me he acostado con un miembro de la Casa Real, pero tampoco ando loca con el asunto. Si lo veo y puedo hacerlo, me encantaría llevármelo a la cama otra vez, pero si no, no pasa nada. Hay muchos hombres interesantes en el mundo, aunque no tengan sangre azul, expresó sin parar de reír...